Situada entre los valles del Guadalquivir y del Gualimar, en la comarca de la Loma y en la proximidades del Parque Natural de Cazorla, en la provincia de Jaén, encontramos la joya del Renacimiento español: Úbeda. 

Orígenes mitológicos de Úbeda

Varias culturas han habitado Úbeda desde su fundación. Unos orígenes que Juan de Mariana sitúa tras el diluvio universal, momento en que Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé, llegaría a la península y fundaría varias poblaciones, la ciudad jienense entre ellas. Siendo el estudio de la historia importante, las leyendas nos aportan un saber, y un conocimiento, que hace los lugares que visitamos mucho más atrayentes. 

Desde la antigüedad fue un lugar estratégico. Una situación que propició intercambios comerciales y culturales desde tiempos remotos. Muchos pueblos han dejado su huella en la ciudad, entre ellos romanos, árabes y judíos. Los romanos la denominaron Bétula (Baetula), siendo en la época árabe cuando adquiriría su estatus como núcleo de población importante. 

Abderramán II en el siglo IX la denominaría “Medinat-Ubbadat Al- Arab” (Úbeda de los Árabes). Poco a poco se convertiría en una de las poblaciones más influyentes de al-Andalus debido a su artesanía, al comercio y a la agricultura. En 1234 el rey Fernando III, “El Santo”, reconquistaría la ciudad. 

Disputas de nobles y plazas de la ciudad

Encontramos en la época de esplendor de Úbeda, siglo XVI, una sociedad dividida claramente en tres estratos sociales: la nobleza, el clero y los pecheros o plebeyos. Una nobleza ubetense de gran influencia a nivel nacional, formando parte de los más altos cargos tanto civiles como religiosos. 

Varias eran las familias nobles con gran peso en la localidad (Benavides o Carvajales serían dos exponentes), siendo Francisco de los Cobos su personaje más ilustre y popular. Un poder e influencia que le vendría por ser el secretario del emperador Carlos V. Dicha posición le reportaría una fortuna y varios títulos nobiliarios. Además de ser uno de los personajes más influyentes de la época, fue a su vez un importante mecenas. Su impronta y su legado en Úbeda es notable y notoria. 

El centro de Úbeda es una sucesión de edificios señoriales, palacios y conventos, pero también de muralla, de detalles, de calles empedradas y de rincones tranquilos. Tengo que reconocer que el Renacimiento no sería mi época arquitectónica preferida, sin embargo en la Plaza Vázquez de Molina, ya sea de día o o con la tranquilidad y soledad de la noche, quedo asombrado. En esos momentos me parece uno de los lugares más impresionantes del mundo. Tengo la sensación de haberme desplazado en el tiempo. De estar en pleno siglo XVI. 

En la plaza encontramos varios edificios deslumbrantes. Entre ellos, uno destaca mi atención: la Sacra Capilla de El Salvador. Panteón privado mandado construir por Francisco de los Cobos y cuyo costo fue desorbitado. La suma total se desconoce pero sí sabemos que en ella emplearía gran parte de su fortuna. Una fortuna que sería descomunal ya que, entre otros ingresos, recibía el uno por ciento de todo el oro y plata que llegaba de América al ser él el encargado de su distribución y acuñación. La posición privilegiada cerca del emperador tenía sus ventajas. 

Durante mucho tiempo, El Salvador, alojó una escultura del gran Miguel Ángel, el «San Juanito» (un San Juan Bautista niño vestido con piel de cordero). Una pequeña escultura de unos 130cms que quedó dañada en la Guerra Civil y que volverá a Úbeda próximamente tras su restauración en Italia. Se trató de un regalo de la República de Venecia a Francisco de los Cobos en el siglo XVI y que estaba en el retablo mayor. Una escultura muy popular entre la gente pero que curiosamente casi nadie ha visto… todavía. 

Andrés Vandelvira, el arquitecto preferido

Si importante fue la Capilla del Salvador para Francisco de los Cobos, no menos importante lo fue para quien la realizó. La gran oportunidad a Andrés de Vandelvira le llegará con la construcción del mausoleo. Es cierto que la disposición general es del burgalés Diego de Siloé, pero será Vandelvira quien ejecute (con total libertad) las obras de la capilla funeraria. Una de sus obras cumbre y un momento crucial en su trayectoria. 

A partir de entonces, Vandelvira se convierte en uno de los arquitectos más prolíficos y reconocidos del Renacimiento español. Años en los que en la ciudad se construyen sus principales edificios. Se trata de una época en la que Úbeda se posiciona en lo más alto del panorama político, social y cultural de la península. El arquitecto dejaría su impronta además de en la Capilla del Salvador, en otros edificios tan destacados como el Hospital de Santiago, conocido como “El Escorial del sur”. 

El patrimonio artístico e histórico de Úbeda le valió para ser reconocida por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 2003. La Plaza Vázquez de Molina sería un elemento fundamental para dicha elección. Encontramos en el lugar, junto a la Capilla del Salvador, edificios emblemáticos como la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, construida en el lugar en el que estuvo la antigua mezquita musulmana. Escenario de la película El Capitán Alatriste, sus dos espadañas la hacen inconfundible. De noche luce espectacular. 

El Palacio de las Cadenas o Palacio Vazquez de Molina, obra también de Vandelvira, es otro de los edificios significativos que encontramos en la plaza. Seguimos en la familia de los Cobos, en este caso el sobrino, Juan Vázquez de Molina, que mandó construir el palacio para uso residencial y que hoy es la sede del ayuntamiento de Úbeda. Al igual que su tío se convertiría en uno de los hombres más importantes de la corte, siendo secretario de Felipe II. 

Una plaza que concentra algunos de los edificios más representativos del renacimiento español. Así encontramos, además de los mencionados, el Palacio del Dean Ortega (actual Parador de Turismo), el Palacio de Mancera (antiguo Convento de las Siervas de María), el Antiguo Pósito (donde está la comisaría de policía) y la Cárcel del Obispo (sede de los juzgados). No es de extrañar que se considere la plaza europea con mayor concentración de edificios históricos. 

Herencia judía

Mi visita a Úbeda trataba principalmente de descubrir su etapa renacentista. Época que le han dado la fama mundial. Arquitectura con la que quedo tan deslumbrado como la UNESCO. Sin embargo, un edificio descubierto poco antes del año 2000 será el que me deje realmente asombrado. 

La Sinagoga del Agua es de esos lugares enigmáticos y llenos de historia e historias. Encontrada por casualidad, se trata sin duda de uno de los templos judíos medievales mejor conservados de la península. No se sabe exactamente la fecha de su construcción, pero pudo ser levantada en los siglos XII o XIII. Un tesoro enterrado durante siglos. 

Si el edificio, sus bóvedas, sus diferentes salas (incluyendo la bodega y cocina de la vivienda del rabino) son espectaculares, su mikvé (baño de purificación) es mágico. Los siete escalones que llevan al agua nos transportan hasta la época que los judíos habitaron en la ciudad. Me comentan que la fascinación alcanza cotas superiores en los días del solsticio de verano. Los primeros rayos de luz, durante esos días, penetran a través de un orificio que hay en la pared hasta tocar el agua de los baños creando un efecto asombroso. 

Caminando por calles estrechas, por callejuelas en los alrededores de lo que fueron los Reales Alcázares, descubro el pasado hebreo de Úbeda. Sería Fernando III quien ubicaría el barrio en dicho lugar, cerca de la corte al igual que ocurría en muchas otras ciudades. Un barrio en el que contemplo los símbolos hebraicos en algunas de las puertas. Mientras encuentro casas del siglo XIII con estrellas de David voy pensando en lo que fue la aljama y dejó de ser, imagino cómo lucirían sus casas, sus sinagogas, sus salas de oración, los hornos, la librería, los baños de purificación… y pierdo la noción del tiempo. 

Puñaladas traperas por los cerros de Úbeda

Ha sido Úbeda el lugar que vio nacer a Sabina y a Muñoz Molina, quizá dos de los ubetenses más conocidos en la actualidad. Siglos antes, las calles de Úbeda no fueron testigo de su nacimiento pero sí de los últimos paseos de una de las más importantes figuras del pensamiento y espiritualidad cristiana. Fray (San) Juan de la Cruz fue a Úbeda a curarse unas “calenturillas”. Parece ser que los problemas de salud no mejoraron y el místico poeta moriría a mediados de diciembre de 1591 en una celda del convento en el que se alojó. Es lo malo de llegar muy enfermo a un lugar, las posibilidades de quedarte allí para siempre son elevadas. 

Desde 1978 el convento donde se alojó pasó a ser el Museo San Juan de la Cruz. Varias reliquias y recuerdos del religioso se encuentran en el museo, además de una importante biblioteca especializada en espiritualidad. 

No sólo nacieron en Úbeda personajes singulares o políticos notables, en la ciudad se originaron también varias frases que empleamos a menudo. Dos serían las más utilizadas gozando de gran popularidad. 

De la época de la reconquista de la ciudad por Fernando el Santo es el origen de la expresión “andarse por los cerros de Úbeda”. El rey habría enviado a uno de sus hombres (parece ser que Alvar Fañez, conocido como “el Mozo”) a vigilar los cerros colindantes. Durante la tarea encomendada, pudo ser que el soldado conociese a una mujer desapareciendo antes de comenzar la batalla y sólo regresando una vez ya terminada. Al preguntarle el rey que dónde se había metido, el susodicho respondió que se había perdido por los cerros de Úbeda. 

Por otra parte, la “puñalada trapera” tendría su raíces en las disputas que se producían de forma continua entre las familias nobles de la localidad. Así, un miembro de la familia Trapera asestaría una puñalada no muy honrosa a otro de la familia Aranda. Como muchas veces ocurre, hay varias teorías de cómo, dónde y por qué se produjo. Un conflicto entre dos de las familias, la Trapera (Juan Sánchez de la Trapera) y la Aranda (Juan Sánchez de Aranda), que forman parte del escudo de la ciudad. Un escudo que cuenta con 12 leones en referencia a doce caballeros de Úbeda que lucharon (y vencieron) en un duelo contra caballeros moros en Algeciras en 1344. Los otros diez serían Diego López de Dávalos, Pero Gil de Zático, Gonzalo Fernández de Molina, Gil Martínez de la Cueva, Juan Alonso de Mercado, Diego Mexía de Molina, Pedro Rodríguez de los Cobos, Alonso Porcel, Alonso de San Martín y Benito Sánchez del Castillo. 

Artesanía y el barrio de los alfareros

No podía marcharme de Úbeda sin hacer una visita a los artesanos, ya sea a la forja Tiznajo, donde los hermanos que la regentan me muestran el museo y su trabajo con sumo placer, o un recorrido por el barrio de los alfareros, San Millán. Allí observo cómo se trabaja la alfarería, cómo se usa un horno árabe de leña en funcionamiento desde hace siglos y el proceso de cocción de las piezas como se hacía hace mil años, una técnica que casi ha desaparecido pero que todavía emplean algunos de los talleres de la zona. 

Por lo visto el barrio ya no es lo que era por culpa de los humos. Un barrio de origen medieval con más de cien alfareros a mediados del siglo XX. Un barrio que en la actualidad cuenta con varios artesanos que siguen trabajando y luchando para que la tradición siga en pie. Un barrio, el de los alfareros, que necesita de ellos para que mantenga su esencia y no sólo su nombre.