La primera vez que oí hablar de la ópera cantonesa me sonó a algo trasnochado. Un espectáculo para señoras y señores no de cierta edad, sino muy mayores. Un arte tradicional, pensaba, que se iría a apagando poco a poco. No podía estar más equivocado, y no por mis visitas a los camerinos y a funciones “normales”, sino por la energía que derrochan los más jóvenes en sus actuaciones.

Una vez comparto tiempo con los pequeños quedo maravillado por la pasión que le ponen. Disfrutan no sólo de salir al escenario, sino de todo el proceso, desde el principio hasta el final, y sobre todo del momento de vestirse unos trajes que lucen con orgullo. Es entonces cuando me doy cuenta que muchos niños jonkonitas adoran la opera cantonesa aunque no la entiendan. Los trajes, los movimientos o la música, les han cautivado y, sin pensarlo ni quererlo, estos niños han pasado a ser los guardianes de un espectáculo con muchos siglos de historia. Serán ellos quienes perpetúen este arte tradicional en Hong Kong.

Arte tradicional en la formación de los niños

Mediante la opera cantonesa, los niños no sólo disfrutan de un arte tradicional, sino que aprenden danza y música china. En un tiempo en que los niños se sienten presionados a diversas actividades fuera del horario escolar durante su poco tiempo libre, los que asisten a la clases de ópera cantonesa son, sin duda, unos (pocos) privilegiados ya que su desarrollo se produce de forma holística. Muchos padres no lo ven “útil” para el futuro de sus hijos, y en realidad pocas cosas hay más completas que un niño pueda realizar en sus ratos libres. A un mismo tiempo, además de arte, aprenden a cantar, a hablar, actuación, música, danza o artes marciales, y no sólo eso, sino  que los niños aprenden a mejorar la resistencia, la perseverancia y la capacidad de expresarse. Se mueven en un contexto que les ayuda en su desarrollo personal. Se trata de algo más que un entretenimiento, ya que mediante la práctica y el entrenamiento los niños desarrollan sus habilidades y la confianza en sí mismos. Casi nada. Si los padres buscan algo “útil” para sus hijos, ya saben a qué apuntarles.

Con la cultura moderna y la tecnología, las artes clásicas como la ópera cantonesa van perdiendo seguidores. Los viejos maestros van desapareciendo, poco a poco, y es difícil encontrarles sustitutos. Esos sustitutos tienen que ser los niños de hoy. Unos niños a los que les atraen los trajes de colores vivos (como bien se aprecia en las fotos…), las representaciones dramáticas y la música. Serán ellos quienes mantengan este arte multidisciplinar con millones de seguidores por todo el mundo.

“Disfraces” y diversión en la ópera

Supongo que los trajes, los accesorios y poder “disfrazarse” será una de las razones por las que los niños sienten esa atracción por la opera cantonesa. Puede que los niños no entiendan los guiones fácilmente, por lo que hay algunas adaptaciones, así pueden hacerlo de una forma menos autómata y con más emoción. Así, por ejemplo, Stella Ma desde  2002 enseña a los niños más pequeños a partir de óperas cantonesa que ella escribe, y no utilizando los textos clásicos difíciles de entender para aquellos que no tienen una cierta base de historia china. Con las historias adaptadas para ellos, les es mucho más fácil comprender y poder actuar con mayor complicidad.

La ópera cantonesa es un bien cultural de Hong Kong y se deberían hacer todos los esfuerzos posibles para su promoción. Introducirla en los colegios, institutos y en la universidad serviría para que cada vez más gente se interesase ella. Se han desarrollado proyectos educativos desde 2006 pero el futuro sigue siendo incierto. Un futuro que, viendo la dedicación que ponen los niños, debería estar más que asegurado.

Transmitir la afición por la ópera cantonesa a los niños es la mejor forma para que se conserve este arte tradicional, que amen su propia cultura y que se sientan parte de ella. Quizá no sea lo que más de moda esté, pero la dedicación y el amor por un arte con varios siglos de historia desde niños, seguro que les marca (positivamente) para el resto de sus vidas.