Quien haya visto Juego de Tronos, su séptima temporada, habrá descubierto que muchos de los escenarios le son familiares. Le suenan de algo. Sin saber muy bien cómo, el conjunto monumental de Cáceres se colaba en las casas de millones de personas. Un conjunto monumental no sólo patrimonio de los cacereños, sino que también lo es de la Humanidad. 

Muchos habremos caminado por sus callejuelas y plazas igual que lo hacen los protagonistas de la popular serie. Posiblemente nuestros paseos no hayan sido ni tan triunfales ni con tanto bombo, pero seguro que igual de interesantes. Descubrir Cáceres, aunque se haya visitado la ciudad varias veces, es una gozada. Un descubrir sin fin. Un viaje en el tiempo. Cruzar el Arco de la Estrella nos traslada a otro época. A varios siglos atrás.

Judíos en la pacífica Extremadura

Dicho viaje en el tiempo nos lleva hasta la Edad Media. Hasta la época en que en la ciudad vivía una comunidad judía. Una comunidad judía que era parte relevante de la localidad. 

Uno de los primeros lugares en los que los judíos se asentarían en la Península Ibérica sería Extremadura.  En Mérida (posiblemente) desde el año I dC, y ya con una población hebrea importante en el siglo IV de nuestra era. Sería siglos más tarde, a partir del siglo XII cuando la región sufriría un aumento considerable del tamaño de sus aljamas judías en ciudades como Plasencia, Cáceres o Trujillo, ciudad elegida por Samuel Halevi (tesorero del rey Pedro I de Castilla) para almacenar el tesoro real. 

A finales del siglo XIV se produjeron asaltos, persecuciones y matanzas en la mayoría de las juderías de la península. Extremadura, al contrario que en otras regiones, no sufrió dichos altercados, ni siquiera las cruentas persecuciones de 1391. Debido a esta “tranquilidad” muchos judíos decidieron asentarse en la región. Eso, y la proximidad con Portugal, pensando en una posible huida al país vecino si la situación se complicaba. Es la segunda mitad del XV la época de mayor esplendor de la aljama judía en Cáceres, sintiéndose a salvo de saqueos y persecuciones. Percibían los judíos en Extremadura menos prejuicios que en otras lugares de la península. Veían a sus habitantes gentes pacíficas. Un reducto de paz para cientos de hebreos. 

En Cáceres hay constancia documental de la presencia judía desde el siglo XIII. El documento de los fueros de Cáceres otorgado por Alfonso IX de León en 1229 ya dedica varios capítulos a los judíos. Según el profesor Lacave, en Cáceres a finales del siglo XV habría unos setecientos hebreos, lo que vendría a ser, más o menos, un 10% de la población total. Para otros estudiosos esta cifra se queda corta, y la comunidad judía supondría hasta un tercio de la población total. Sea como fuere, su importancia en la localidad era muy importante. 

En Cáceres, como en otras muchas ciudades, podemos separar dos juderías. La judería vieja estaría situada en lo que es el barrio de San Antonio de la Quebrada. En su mayoría casas encaladas, en las que predomina y resalta el color blanco impoluto. Unas casas blancas que contrastan con el color de la piedra en el que están construidas las casas de la nobleza a pocos metros de distancia. 

La ermita que fue sinagoga

Se cruza, igual que se hacen hace siglos, el Arco Romano de Cristo para entra en el barrio (única de las puertas de la muralla romana que sigue en pie). Un barrio en el que destaca su ermita de San Antonio, una ermita que ocupa el lugar que en su día ocupó la sinagoga. Se vuelve a reciclar un edificio religioso, como en otras muchas partes. Una vez expulsados los judíos sus sinagogas pasaron a convertirse en iglesias. Reciclaje urbanístico-religioso. Nos cuenta Penina Meller que en 1470 una vez los judíos fueron obligados a abandonar el barrio, la sinagoga pasaría a manos de un tal Alfonso Golfin, quien derribaría el edificio y ordenaría construir una ermita que se denominaría San Antonio de Padua.

Si aquellos que profesaban la ley de Moisés en su mayoría vivían segregados, esto era debido a un doble motivo. En muchas ocasiones eran obligados a habitar en determinadas zonas de las ciudades, pero en muchos otros momentos, eran los propios judíos quienes preferían vivir juntos y morar en los mismos barrios. En Cáceres, además de en las juderías vieja y nueva, también habitaron en otras partes de la ciudad. Algunas familias vivieron próximos al Arco de la Estrella, o en la misma Plaza Mayor donde tenían sus tiendas. Plaza que era el eje comercial y centro artesanal donde se instalaban a su vez los talleres. 

A finales del siglo XV, 1478, la judería vieja del barrio de San Antonio se desmantela  y se pide a los judíos que se trasladen a un nuevo enclave fuera de la ciudad amurallada. Esta nueva ubicación se situaba cerca de la Plaza Mayor, en la llamada calle de la Judería (la actual calle Paneras) y en las calles adyacentes, estando situada la sinagoga en los que es el Palacio del Marqués de la Isla. Un nuevo barrio judío que existiría durante menos de quince años debido a la expulsión de los judíos. Nuevamente se verían obligados a marcharse de su hogar. Esta vez de forma definitiva para nunca más volver. Ni siquiera la pacífica Extremadura podía echarles una mano esta vez.