A finales del siglo XV se instalaba en Toledo el cretense Doménikos Theothokópoulos, más conocido como El Greco. En la ciudad manchega viviría hasta el final de sus días en 1614. Allí tenemos que ir, a la iglesia de Santo Tomé en concreto, si queremos contemplar su obra cumbre y una de las pinturas más famosas del mundo, El entierro del Conde de Orgaz.

Hubo una época en que el que la tierra se gobernaba desde Toledo. Tiempo (1561) en el que Carlos V instaló allí su principal sede imperial. Años en los que vivió su esplendor atrayendo intelectuales, artistas y gentes en busca de reconocimiento y fortuna. 

Huellas romanas y visigodas en Toledo

Aunque más conocida por la ciudad de las “Tres Culturas”, los romanos ya se asentaron en lo que sería Toletum (“levantado” o “en alto”) situada en una colina donde construyeron circos (con una capacidad para unos 13000 espectadores), anfiteatros, acueductos o templos. Ciudad de gran importancia en el imperio al situarse en un enclave principal para las comunicaciones entre las provincias de Lusitania, Baética y Tarraconense. 

Huellas de la época romana son las “Cuevas de Hércules”. Una leyenda sitúa en dicho lugar un maravilloso tesoro ocultado por Hércules y que todavía nadie ha encontrado. También se piensa que se podrían haber celebrado ritos misteriosos durante la Edad Media. No se sabe con certeza pero bien pudieron formar parte de la red hidráulica romana. 

Siglos más tarde, los visigodos la hicieron su capital. Recaredo realizó en Toledo los concilios visigóticos en 589 en los que se convertirían al cristianismo. No encontramos grandes restos de sus monumentos al ser sus edificios destruidos o reutilizados sus materiales en nuevas construcciones. Para compensar, al visitar el Museo de los Concilios de Toledo podemos admirar una gran cantidad de obras visigóticas. 

 

Al-Zargali y el GPS medieval

Tras los visigodos llegarían los musulmanes (la denominarían Talaytula). Encontramos su huella en las mezquitas del Cristo de la Luz y Tenerías (la cual en mis visitas siempre he encontrado cerrada). Además, por todo el centro de la ciudad es palpable la estructura urbana árabe de calles estrechas y sinuosas, sus callejones o sus puertas de entrada. 

Con la llegada de los musulmanes Toledo brilló como no lo había hecho hasta entonces. Según algunos estudios la ciudad llegó a disponer de diez mezquitas, baños públicos, varios zocos,…además de la impresionante muralla reconstruida en el siglo X por Abderramán III. Para entrar en la parte antigua de la ciudad todavía atravesamos alguna de las puertas musulmanas como la de la Bisagra (del árabe Bab-shagra, puerta dela Sagra) o la del Sol. 

La huella física, o monumental, nos habla de la presencia musulmana en la ciudad y la podemos observar y visitar. La huella intelectual es menos palpable y fue la que dejaron destacados médicos, filósofos, matemáticos, escritores o astrónomos. Azarquiel (Al- Zarqali) nació en Andalucía pero se trasladaría a vivir a Toledo convirtiéndose con los años en uno de los más reputados astrónomos a nivel mundial. Un trabajo excelso avala su trayectoria. En sus inicios Al- Zarqali fabricó instrumentos con los que observar el movimiento de las estrellas, la luna o el sol. Más tarde se volcó en la investigación teórica. Destaca entre sus inventos la azafea, una especie de astrolabio con el que reproducir los movimientos de los astros y así ubicarse. Hay quien denomina a este aparato el GPS de la Edad Media. 

Entradas a la historia y a la judería toledana

Posiblemente la entrada más emblemática a Toledo sea la Puerta de la Bisagra con su águila bicéfala en el escudo. Acceso monumental con origen árabe por el que posiblemente también accedería el emperador Carlos V. Sin embargo, las veces que he ido a Toledo, para llegar a la parte antigua he atravesado alguno de sus puentes. Un camino que presagia lo que después nos vamos a encontrar de belleza, cultura e historia.

Accedo a la ciudad o bien por el puente de Alcántara, que sale de las proximidades del castillo de San Servando (Alfonso VII se lo donó a los templarios), o por el Puente de San Martín que nos lleva hasta el Toledo de las “Tres Culturas” en un viaje en el tiempo. El viaje a un pasado donde se ubican un precioso monasterio de San Juan de los Reyes y dos de las sinagogas medievales más fascinantes del mundo, la de Santa María la Blanca y la del Tránsito. 

La judería medieval de Toledo es una de las mejor conservadas del mundo. Pocas aljamas medievales tan ricas encontramos con un legado judío tan importante. Los hebreos habitaron en la ciudad al menos durante diez siglos y su huella aun es visible. Un verdadero tesoro plagado de monumentos. 

Aunque la ciudad no tuvo su espacio dividido por religiones, alrededor de la calle Santo Tomé se aprecia una mayor influencia hebrea. En pocos metros podemos contemplar auténticas joyas culturales de la herencia judía en el mundo o bien disfrutar, y aprender, cómo era el modo de vida de los judíos de la época. 

Santa María la Blanca se trata de una antigua sinagoga comenzada a construir en 1180. Los hebreos la utilizarían durante dos siglos hasta el XIV en que sería expropiada y convertida en iglesia. Contemplarla en silencio es una experiencia increíble. La belleza que forman el conjunto de arcos de herradura se quedará en nuestra memoria para siempre. 

Si la sinagoga de Santa María la Blanca es una preciosidad, la del Tránsito nos muestra perfectamente lo que es Toledo y las culturas que habitaron en la ciudad. Se construye bajo el reinado de Pedro I de Castilla, dispone de una sala de oración situada en un salón palaciego gótico, está ornamentada con yeserías islámicas cordobesas y tiene arcos almohades. 

Por otra parte, en la “Casa del Judío” se nos muestra una vivienda hebrea del siglo XIV-XV. Cuenta la leyenda que su propietario, el judío Ishaq, fue uno de los que prestaron dinero a la reina Isabel la Católica para la financiación del viaje de Colón a América. 

La convivencia de las tres religiones por momentos fue muy difícil. En el siglo XIV se producen persecuciones cruentas y asaltos a las judería, y a finales del XV se decreta su expulsión o conversión. Los judíos, que como poco llevaban viviendo en Toledo desde el tiempo de los visigodos, tuvieron que marchar y dejar el que durante siglos había sido su hogar. 

Los judíos fueron expulsados y Toledo quedó mucho más pobre, sobre todo cultural e intelectualmente. Se habla de que en su marcha se llevaron las llaves de sus casas por si volvían en el futuro. Bien podemos imaginar hoy que esa llave no era física sino una mucho más importante. Se llevaron con ellos la lengua que se hablaba en España en la Edad Media, la conservaron, y hoy pueden volver a la que fue su morada. Una lengua que les une a la península y que les abrirá siempre la puerta de lo que hace varios siglos fue su casa y la de sus antepasados. 

Alfonso VI y la época cristiana 

El 25 de mayo de 1085 el rey Alfonso VI entra en Toledo liderando las tropas cristianas. Décadas más tarde el rey redactaría el “Fuero” de la ciudad en el que se recogía la regulación que marcaba la convivencia entre las gentes de las tres religiones. 

Unos pueblos que nos han dejado un legado de diferentes estilos arquitectónicos que todavía hoy podemos contemplar. Una huella de las gentes y religiones que habitaron en la ciudad durante siglos. Convivieron pero no de forma amigable como a veces se pueda imaginar. La coexistencia de musulmanes, cristianos y judíos en muchas ocasiones no fue ni pacífica ni idílica. 

Los mudéjares, musulmanes que se quedaron habitando en los territorios conquistados por los cristianos, crearon un estilo arquitectónico que es el más popular en Toledo. Una arquitectura en la que se mezclan ladrillo, madera, yeseras o azulejos entre otros elementos. 

Si encontramos la huella judía y musulmana en Toledo, mucho más palpable lo es la cristiana. Su catedral, la sucesión de preciosas iglesias (destaca la de los Jesuitas con sus maravillosas vistas de la ciudad desde las alturas), conventos o monasterios están repartidos por la ciudad. Una vez la sede imperial se trasladó a Madrid, la Iglesia se quedaría en la ciudad manchega. Tal fue su importancia, y la de sus monumentos, que se la llegó a considerar la segunda Roma. 

La catedral y la campana más grande el mundo

Construida sobre una antigua mezquita, a su vez construida sobre una antigua iglesia visigoda, la catedral es uno de los símbolos de Toledo. Comenzada a construir en el siglo XIII no se terminaría hasta el XVIII. Sus 90 metros de altura y 120 metros de largo acogen capillas, vidrieras y puertas, además de albergar pinturas de los más grandes pintores de la historia como El Greco, Tiziano, Goya o Rubens. Tal es su riqueza que se la considera la segunda catedral más rica del mundo tras la del Vaticano. 

Encontramos en el templo cristiano la “Campana Gorda”, o de San Eugenio, según algunos la más grande de la cristiandad. Diecisiete toneladas de peso y diez metros de circunferencia. Hay quien afirme que sólo ha sido utilizada una vez (dos según otros) ya que al estrenarla, además de romper los cristales de muchas casas de Toledo debido al estruendo, se rajó. 

Otro de los edificios cristianos más destacados de la ciudad es el Monasterio de San Juan de los Reyes. Los Reyes Católicos mandaron construirlo a finales del siglo XV con la idea de que estuvieran allí sus tumbas. Finalmente sus restos descansan un poco más lejos. Una vez conquistada Granada a los musulmanes, deciden que fuese allí donde reposasen eternamente sus cuerpos. Además de su precioso claustro, unas cadenas en sus muros llaman nuestra atención. Son grilletes de cautivos cristianos que fueron rescatados en ciudades andaluzas. 

No todo es arquitectura religiosa, encuentrando palacios de todo tipo en mi caminar por Toledo. Uno de ellos guarda un secreto que se convirtió en leyenda, o una leyenda que llegó a ser un secreto, no se muy bien. Parece que el rey Alfonso VIII se enamoró de una joven judía de nombre Raquel. Uno de los palacios de la ciudad era el lugar donde compartían su amor. Clases sociales y religiones unidades por la pasión. 

Las Tres Culturas y la “Escuela de Traductores”

Si el legado arquitectónico es importante, más aun lo es el legado cultural. En el Toledo de las Tres Culturas, Alfonso X impulsará la “Escuela de Traductores”. Uno de los creadores había sido Raimundo de Sauvetat, arzobispo de Toledo y Canciller de Castilla en el primer tercio del siglo XII, quien organizó un grupo de trabajo en el que se incluían mozárabes, judíos, monjes cristianos o profesores de la madrasa. 

Un grupo de traductores y estudiosos (en la ciudad vivían musulmanes, judíos y cristianos con lo que el latín, el árabe y el hebreo eran de uso común) tradujeron los libros más importantes de la sabiduría, obras cumbre del conocimiento humano, clásicos greco-latinos del árabe o hebreo al latín. El saber mundial estaba en Toledo que se erigía como mediadora entre dos mundos, el de Oriente y el de Occidente. 

Alfonso X “el Sabio” es una de las personas más importantes e influyentes de las nacidas en la Toledo (lo haría un 23 de noviembre de 1221). No sólo reinó sino que fue un prominente escritor (se le atribuyen las “Cantigas de Santa María“), un destacado mecenas e impulsor de la “Escuela de Traductores”. 

El legado de Alfonso de Covarrubias en Toledo

En lo alto de la ciudad, el Alcázar domina la panorámica de Toledo desde principios del siglo XVI. Destruido y vuelto a reconstruir en varias ocasiones, es otro de los símbolos de la ciudad. 

Una de las personas que más huella han dejado en Toledo ha sido Alfonso de Covarrubias. Carlos V le nombra arquitecto real y le encarga el Alcázar lo que cambiaría su trayectoria y su vida. Siendo ésta su gran obra, dejó su impronta en otros edificios de la ciudad como en el Hospital de Santa Cruz, en el Hospital de San Juan Bautista o la construcción de la Puerta de la Bisagra (sobre un antiguo arco árabe). 

Si queremos tener una panorámica de la ciudad lo mejor es subir hasta el mirador del Valle. Desde allí podemos ver Toledo de un vistazo, apreciar sus puentes sobre el río Tajo, las torres de sus iglesias o la silueta de la ciudad. Una vez pisamos sus calles observamos y sentimos su belleza, pero es al verla en su conjunto cuando nos damos cuenta de lo maravillosa que es. 

Un casco antiguo de los más sorprendentes del mundo. Además de la catedral, iglesias, monasterios, palacios y edificios públicos nos hablan de la importancia que tuvo Toledo para el cristianismo. Y no sólo. Más de un centenar de monumentos nos esperan al recorrer la ciudad y contemplar las huellas musulmana, judía o la más palpable cristiana. 

El Zoocodover es el centro de la ciudad. Una plaza llena de vida y con un pasado cuando menos sorprendente. Aquí ha habido un mercado del ganado durante la época musulmana, la Inquisición realizó numerosas ejecuciones y ha albergado incluso una plaza de toros. 

Toledo “Patrimonio de la Humanidad”

Desde 1986 Toledo pasa a formar parte del grupo mundial de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Se tuvo en cuenta para su inclusión su historia, la conservación de su aire del medievo, la ubicación y el entorno geográfico magnífico, con sus miradores, su río Tajo encajado y sus cigarrales. Un emplazamiento original y único que hace que la ciudad nos sorprenda en cada una de nuestras visita. 

La colina en la que se ubica Toledo está bordeada por un meandro del río. Las aguas del Tajo abrazan la ciudad, una unión que hace al conjunto de entorno y zona monumental uno de los más bonitos del mundo. 

Pocas actividades más interesantes hay en Toledo que callejear, dejarse llevar, maravillarse, perderse por sus barrios, sus monumentos, sus edificios, sus callejones y recovecos, y finalmente volverse a encontrar. Toledo es un entramado de calles, un laberinto de callejones, un legado de culturas e ideas que nos sorprenden a cada paso. Una ciudad singular que nos acerca a la Edad Media a través de su impresionante legado.