Encontramos en Mallorca durante la Edad Media judíos destacados en diferentes áreas de conocimiento. Hay prominentes médicos, astrólogos, literatos o astrónomos, aunque sin duda su escuela de cartografía destaca sobre el resto. Serían cartógrafos mallorquines quienes ayudarían a desarrollar el conocimiento geográfico medieval, con gran relevancia en la expansión europea hacia África y América. La judería de Palma en el centro de la cartografía mundial del medievo.

Jehuda Cresques y su padre, Cresques Abraham,  cartógrafos judíos de Palma, fueron de los más notables e influyentes de la Edad Media. Se les reconoce como autores de una de las obras maestras de la cartografía medieval, el Atlas catalán (1375), un auténtico Mapamundi. Jehuda sería uno más de entre los muchos judíos que terminarían convirtiéndose al cristianismo,  en su caso en el año 1391 pasando a llamarse Jaume Riba (Jacobus Ribus en latín).

Orígenes de la judería de Palma

Una carta del obispo Severo, de 417, confirma la presencia judía en la isla de Mallorca anterior a la llegada de los musulmanes. Es factible, al igual que en el resto de la península, que llegaran mucho antes y estuvieran ya en tiempos de los romanos. Una comunidad hebrea que iría aumentando al tratarse Madina Mayurqa de uno de los puertos más importantes del Mediterráneo. 

Las primeras comunidades judías se establecieron en los alrededores de la antigua ciudadela musulmana . Con la llegada de Jaime I de Aragón (a quien habían ayudado a conquistar la isla) se recompensa a la comunidad judía con terrenos para su cementerio y con importantes privilegios, además de ofrecerles protección. Un estatus que se mantiene durante el reinado de Alfonso III pero no así con con Jaime II. Con el nuevo rey, la aljama va perdiendo dicha protección real, llegando a obligar a la comunidad judía a habitar forzosamente dentro del call Mayor partir de 1303 (bien es cierto que pudiendo realizar su actividad comercial fuera del barrio).

Se calcula que llegaron a ser unos 4000 o 5000 judíos (las cifras varían según los estudios) en el momento de máximo esplendor a finales del XIII y comienzos del XIV. Tras la Peste Negra, y con la ciudad pasando hambre, se culpa a la comunidad hebrea de las desgracias, y sufren nuevos ataques. Unas crisis que traen consigo la reducción del numero de habitantes de la aljama.

Asaltos, asesinatos y final de la judería

La animadversión hacia la comunidad judía había comenzado a ser violenta desde comienzos del siglo XIV, sufriendo ataques vandálicos cada cierto tiempo. Una persecución fomentada en la mayoría de las ocasiones por el clero, y que si no llegaba a ser definitiva era por la protección que los monarcas ejercían sobre los judíos. 

Los ataques serán virulentos y crueles en 1391, al igual que en otras juderías de la península. No hay gobierno en la ciudad y el Barrio judío es saqueado brutalmente. Arrasan la judería, asesinando unas trescientas personas, y muchas familias abandonan la isla (aquellas que lo consiguen), refugiándose las que permanecieron en el castillo de Bellver protegidas por el gobernador. Una vez la rebelión es controlada, los judíos volverán al call donde habitan durante cuatro décadas más. Nada volvería a sería igual.  

Alfonso V prohibe el judaísmo en Mallorca en 1435. La financiación judía había dejado de ser fundamental para el rey y ya no precisaba de ellos. Los hebreos son obligados a convertirse al cristianismo conllevando el fin de la aljama. Muchos miembros de la comunidad emigraron y otros tantos serían bautizados aunque continuaron secretamente practicando el criptojudaismo. Algunas de las familias conversas se juntarían en la Cofradía de San Miguel, denominada posteriormente Nuestra Señora de Gracia, buscando protección y ayuda comunitaria. Las hostilidades y los progromos habían conseguido que con el tiempo se pasase de una comunidad próspera, y numerosa, a su desaparición.

La huella del barrio judío

No hay prácticamente huellas arquitectónicas de la estancia de los judíos en Palma. Los asaltos, el transcurso del tiempo y el reciclaje de materiales hicieron que aquellos edificios más representativos de la aljama judía ya no puedan ser encontrados en la ciudad. A través de documentación podemos situar muchos de esos lugares. Así, entramos en la judería atravesando imaginariamente (hoy sólo queda el recuerdo de dicha puerta) la Puerta de los Judíos que estaría situada en la calle del Palai Reial.

Muchos conversos siguieron conservando sus antiguas costumbres, lo que llevó a persecuciones de la Inquisición. El Parlamento de las islas está ubicado sobre lo que era el antiguo convento de Santo Domingo, que a su vez se construyó en un terreno en que antes había casas pertenecientes a familias judías. Un convento de Santo Domingo donde se colocaron los sambenitos de aquellos conversos que fueron condenados por la Inquisición, creada por los Reyes Católicos en 1478. La Casa de la Inquisición, o Casa Negra, se situaba en la Plaza Mayor de Palma y contaba con inquisidor propio a partir de 1413. 

No quedan restos de los cementerios judíos que estuvieron en uso mientras la comunidad hebrea vivió en Palma. Hubo al menos tres en diferentes periodos. En el lugar donde encontramos el Baluarte del Principe sería donde se localizaría uno de ellos, estando otro en el exterior de la puerta de Porto Pi, y un tercero que estaría situado en la Plaza del Camp.

Las calles Sol, Seminario Vell y Montision eran las arterias principales del call Mayor. Una zona de calles estrechas y callejones (algunos sin salida). Paseando por el casco histórico, entre sus angostas y tranquilas calles, podemos imaginar lo que fue el barrio judío. No quedarán edificios que atestigüen su presencia pero queda la memoria, el recuerdo que ha dejado el poso sefardí.

Iglesias, sinagogas y los rimonim

En la calle Montesión (denominación con reminiscencias judías) encontramos la iglesia del mismo nombre. Un emplazamiento en el que estuvo durante un periodo breve de tiempo la Sinagoga Mayor de la judería. Leo que existe una tradición en Palma que consiste en escribir los deseos en un papel, e introducirlo en las piedras de la base de lo que fue la sinagoga para que se cumplan. Ojalá se cumplan todos los solicitados que últimamente estamos necesitados de ilusiones.

En la calle Mayor del Call de los Judíos se construyó la Sinagoga Nueva una vez la de la calle Montesión fue confiscada en 1315. Habrá otra sinagoga (Menor) en la actual calle Pelleteria, a la altura del Forn den Miquel. Algunos nombres de calles del casco antiguo de Palma hacen referencia al gremio que allí se establecía. Encontramos botoneros (calle en la que estaría situada la casa de los Cresques), calderos, peletería,..

Tras la expulsión de los judíos de Sicilia en 1493, los hebreos tienen que desprenderse de sus bienes. Dos rimonim de plata labrada que se encuentran en la sinagoga son vendidos al comerciante mallorquín Francesc Puig, quien los
entregaría como ofrenda a la catedral de Palma. Tienen inscripciones hebreas, pero una vez en la isla se “cristianizaron” añadiéndoles unas varas de plata. Hoy podemos verlos en el tesoro catedralicio.

Los chuetas

Se mantiene en Palma un legado judío como en pocas ciudades españolas.  Una herencia que llega hasta hoy a través de los chuetas, descendientes de aquellos hebreos obligados a convertirse al cristianismo durante los siglos XIV y XV. Una huella que podemos sentir al caminar por los calls. 

Sentimos el poso judío al transitar por el call Mayor, ubicado oculto en el casco antiguo de Palma y que ha mantenido su original trazado medieval. Y lo percibimos igualmente en el call Menor. En la calle de la Argentería, o Platería, se ubican importantes joyerías y tiendas tradicionales. Una zona de comercio como lo lleva siendo desde hace siglos. Muchas joyerías de la zona las regentan familias conversas desde hace generaciones. Ha permanecido un aire comercial como el que habría en la época en que los judíos habitaban en la ciudad. Una huella sefardí que sentimos recorriendo sus antiguos barrios.

El nombre de chueta aparece por primera vez en 1688 en procesos realizados contra conversos. Los acusados de judaizar se declaran así mismos como descendientes de “los de la calle del Sagell”, llamados así propios como xuetas o cristianos nuevos. El origen de la palabra no está claro aunque bien pudiera provenir del diminutivo en mallorquín de judío (juetó, “judiíto”) que terminaría por derivar en chueta.

La conversión al cristianismo fue más simbólica que real. Algunos huyeron pero muchos de los que quedaron pasaron a profesar el judaísmo en la clandestinidad. Unas prácticas que durarían hasta posiblemente el siglo XVIII. Unos ritos de origen judío practicados por los conversos después de su forzosa conversión. Dentro de este amplio grupo que se convirtió encontramos a los denominados chuetas. En 1678 doscientos doce fueron condenados por judaizar en un huerto. Se hizo pública una lista con 15 apellidos, siendo marginadas aquellas personas que portaban alguno de ellos al considerarlas impuras. Unas familias a las que se excluyó socialmente y a las que no se les permitía trabajar en la mayoría de empleos. Segregación que duró hasta hace relativamente poco tiempo. 

Aquellos 15 apellidos formarían el colectivo chueta, siendo señalados y considerados los descendientes de los últimos judíos conversos acusados por la Inquisición en el siglo XVII. Se trata de los apellidos Aguiló, Bonnín, Cortés, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Piña, Pomar, Segura, Tarongí, Valls, Valentí, Valleriola. Habría que apuntar que proceder de una familia conversa no es condición suficiente para ser considerado chueta, sino que dicho origen y el linaje debe haber quedado fijado en la memoria mallorquina. Así, todos los chuetas son descendientes de aquellos que se convirtieron al cristianismo pero sólo parte de los descendientes conversos son chuetas. Una comunidad maltratada y marginada que enlaza en Palma la Edad Media con el siglo XXI.