Hay ciudades que visité de pequeño y a las que cada cierto tiempo vuelvo. Y cada vez que vuelvo descubro cosas nuevas. Y en cada ocasión disfruto como si fuera la primera vez. Y siempre que la dejo atrás pienso que volveré en breve. Una de esas ciudades es Ávila. Una ciudad declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO y que en realidad no es una ciudad sino que son varias al mismo tiempo. Según la hora del día y según donde nos encontremos, claramente percibimos que Ávila es única. La parte interior y la que queda fuera de la muralla, junto con los alrededores, hacen que nos encontremos en un marco increíble para el disfrute de lo que fue una ciudad en la Edad Media pero en el siglo XXI.

La muralla y los Cuatro Postes

Lo primero y que más llama la atención es su imponente muralla medieval, geométrica y armónica, una de las mejor conservadas en toda Europa que nos ofrece una idea de cómo era la ciudad hace cientos de años. Ya sea de día o de noche, desde las proximidades o sobre todo alejándonos un poco hasta los Cuatro Postes para observar la muralla en todo su esplendor, su vista resulta simplemente impresionante. Estos Cuatro Postes construidos como humilladero con cuatro columnas dóricas, según cuenta la leyenda, fue donde Santa Teresa pararía en el camino al “exilio” de la ciudad, se quitaría las sandalias y sacudiéndolas pronunciaría la frase “De Ávila, ni el polvo”.

Siendo la muralla impresionante, no es lo único destacable de la ciudad castellano leonesa. Una vez entras en Ávila por alguna de sus puertas y cruzas los muros te encuentras en un espacio reducido monumentos, iglesias, palacios o conventos a cada paso. En cada esquina, edificios medievales están esperándote para acompañarte en tu visita. La Edad Media presente en la actualidad de forma latente. Pero no sólo dentro de las murallas, sino que fuera de ellas hallarás monasterios, conventos, iglesias e incluso un cementerio judío encontrado recientemente. Todavía hoy, la ciudad sigue conservando el típico trazado que tenían las ciudades romanas, incluyendo los dos puentes que dan acceso a la ciudad sobre el río Chico.

Santa Teresa de “Ávila”

Hay una persona popular y que resalta por encima de las demás en Ávila, Santa Teresa, religiosa, escritora y reformadora. No sólo legado físico dejó la Santa, sino que su alma y su presencia se sienten en muchos de los rincones de la ciudad. Muchos edificios religiosos que encuentras, tanto dentro como fuera de las murallas, están de una manera u otra relacionados con la vida de la mística castellana. Ávila fue su lugar de nacimiento y conserva su casa natal (hoy una iglesia), la iglesia donde se bautizó o el monasterio de la Encarnación, donde permaneció casi ininterrumpidamente desde 1535 hasta 1574. Será que el ser la capital española más elevada de España hace que se esté más cerca de Dios. Por haber, hay en Ávila en relación con la santa hasta unas yemas de Santa Teresa que puedes degustar.

Sus edificios medievales, su muralla construida posiblemente en el siglo XII sobre muros romanos, visigodos y musulmanes, la convivencia de cristianos, judíos y musulmanes, o la presencia de caballeros y villanos, hacen que encontremos en Ávila una tierra propensa a leyendas. Unas leyendas y un pasado que recorro por ejemplo deambulando por su antiguo barrio judío o dejándome caer por la plaza del Mercado Chico. Transito las calles donde los judíos vivieron durante siglos y donde tenían sus viviendas, sus comercios, o incluso sus sinagogas. Y sin quererlo me adentro en un mundo lejano, que sin embargo es muy actual.