El 15 de julio de 1492 en el Monasterio de Guadalupe venía al mundo Fernán Nuñez Coronel a la edad de 80 años. Serían Isabel de Castilla y Fernando de Aragón los padrinos del bautizo con el que el antiguo judío abrazaba la fe cristiana. Abraham Seneor, nombre antes de bautizarse, fue un rabino judío de Castilla, además de juez de todas las aljamas castellanas, ostentando a su vez un cargo importante en la Hacienda de Castilla. Tal era el estatus de Seneor que tenía una especial relación con los Reyes Católicos. 

Bernardos, año 1519, el líder comunero Juan Padilla contraía matrimonio (en segundas nupcias) con la joven de familia pudiente María Coronel. Resulta que la desposada era nieta del mencionado Fernán Nuñez Coronel, una de las personas más influyentes en la época de toda Castilla.  

Una vez los judíos fueron expulsados, la familia Seneor, ahora ya Coronel, siguió siendo una de las más influyentes de Segovia durante el siglo XVI. Se habla incluso de una posible relación de la familia Coronel con Colón, participando uno de los hijos de Fernán Nuñez en el segundo viaje del navegante a América. Tal era la importancia que vemos el apellido Coronel en El Buscón (Diego Coronel, un estudiante sirviente del protagonista de la novela) de Quevedo.

Llegada de los hebreos

Siglos antes del casamiento entre el líder comunero y la nieta del converso, familias judías llegarían a Segovia en número considerable en el siglo XI.  Habrá que esperar hasta el XIII para encontrar las primeras referencias de asentamientos judíos. Llegasen cuando llegasen (hay otros estudiosos que afirman que bien pudieran llegar los primeros judíos con los romanos, hecho que sería mencionado en el Concilio de Elvira del siglo IV) lo cierto es que fueron de gran importancia en la construcción de Segovia como una de las ciudades más prosperas de Castilla.

Segovia sería una de las ciudades menos conflictivas con los judíos. Los episodios violentos que sucedían periodicamente en otros lugares, eran esporádicos en Segovia. En el siglo XIII, 1215, se les menciona para condenar (el obispo Giraldo) el juego y las apuestas en las que participaban tanto judíos como cristianos. Lo que refleja esta norma es la normalidad con la que se relacionaban (ya en 1215) las dos comunidades en los ratos de ocio. Realizan incluso actividades religiosas de forma conjunta. A comienzos del siglo XIV, en 1326, el arzobispo de Toledo condena el hecho de que realicen ayuno de pan y agua de forma conjunta las mujeres cristianas y las judías en vísperas de Pascua. Parece ser que este cordial entendimiento (puesto en entredicho en otros lugares) sí que era real en Segovia, siendo que los asesinatos y destrozos de aljamas de 1391 bien pudiera no haber acontecido en Segovia. 

Judería de Segovia

Declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1985, Segovia alberga un tesoro, en forma de pasado judío, asombroso. Calles por las que transitamos  y que nos transmiten siglos de historia forjada por las diferentes culturas. Cerrado por arcos, el barrio de la judería se ubicaba en las traseras de la catedral y llegaba hasta la puerta de San Andrés (subiendo al lado de la puerta a las murallas del mismo nombre tenemos una panorámica espectacular de Segovia). A pesar de los siglos habitando la ciudad, los restos físicos que encontramos son escasos.  

Caminar por el barrio judío de Segovia es sumergirse en la historia y la cultura sefardí. Un viaje que podemos realizar más de 500 años después de la expulsión de los últimos hebreos. La actual calle de la Judería Vieja (eje principal en época de los judíos) nos lleva al corazón del antiguo barrio judío donde encontramos construcciones típicas de la época y del lugar, en las que se utilizan piedra, adobe y madera.

Calles con un poso medieval que lucen restauradas de forma espléndida. Postigos de acceso al barrio judío que cruzamos también en la actualidad, siendo el Postigo del Sol uno de los más transitados. Un barrio abandonado hace años y que hoy luce un aspecto pulcro y cuidado. Casas rehabilitadas, fachadas relucientes, estrechos corralitos y callejuelas evocadoras. Un deleite recorrerlo en estos días.

Un trazado urbano medieval

Se trataba de una de las comunidades más importantes y numerosas de Castilla, habitando en Segovia entre 50 y 100 familias judías en el siglo XIV. Una aljama que contaría con cinco sinagogas (aunque no estuvieron funcionando al mismo tiempo), tres carnicerías (situadas en la actual calle del Socorro), dos escuelas talmúdicas, matadero, e incluso una mikve. Un matadero  que proveería de carne kosher a las carnicerías de la aljama segoviana. En el lugar donde se ubicaría encontramos hoy el Museo de Segovia. 

El trazado urbano se conserva casi intacto desde hace quinientos siglos. Nos ayuda a viajar a la época en que los judíos habitaban en la ciudad. Para conocer sus costumbres y su historia el Centro Didáctico de la Judería es de gran ayuda. Situado en una casa que habitaron el humanista, galeno e de padre judeo converso Andrés Laguna (de su importancia queda constancia al ser mencionado incluso en El Quijote de Cervantes), y que anteriormente había sido propiedad de Abraham Seneor, nos permite tener una amplia visión de la comunidad judía, comprender y hacernos una idea de cómo se relacionaban y vivían. Recorriendo el edificio visualizamos sus costumbres, las festividades, el calendario que seguían, o las migraciones de su pueblo.

Sinagogas, centros sociales

Las sinagogas no eran simplemente un lugar de oración, constituían centros sociales en los que discurría la vida de los judíos, siendo espacio de aprendizaje y de reunión. 

Las sinagogas o bien fueron derruidas o convertidas en iglesias. Lo que hoy día es el convento del Corpus Cristi está ubicado en lo que fue la antigua Sinagoga Mayor, sin duda se trataba del centro religioso más importante de la comunidad judía de Segovia. Entro y lo primero que llama mi atención son sus arcos de herradura de cierto parecido con la sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo. Sería expropiada décadas antes de la expulsión. En 1421 se constata dicho estatus en un documento en el que queda reflejada como templo dedicado al Corpus Cristi. A finales del siglo XIX fue arrasada por un incendio perdiendo yeseras y artesonado (conservados de la antigua sinagoga) por las llamas aunque su estructura nos sigue recordando su pasado hebreo. 

La sinagoga de los Ibañez, o Nueva Sinagoga Mayor (sustituiría a la anterior que sería posteriormente iglesia del Corpus Cristi), se situaría en lo que es el colegio de las Madres Jesuitinas, lugar donde se ha encontrado también una mikvé (baño ritual de los judíos). Ya en 1507 aparece como propiedad de Bartolomé Ibañez, de ahí el nombre con el que se conoce al templo judío. 

Encontramos un templo judío en la plaza del Socorro, la sinagoga del Campo, de mediados del siglo XV, de la que se tiene poca información. Se tiene constancia que otra, la de Burgos, estaría en la calle de Escuderos. Posiblemente tenga relación con una comunidad judía que habría venido desde la ciudad castellana tras las matanzas ocurridas en 1391 en muchos lugares de la Península. Una parte importante de la comunidad judía de Burgos, tras las revueltas de finales del XIV, dejarían la ciudad y se establecerán en Segovia tomando de dicha comunidad el nombre por el que es conocida. En la actualidad la iglesia de San Miguel ocupa el lugar que ocupó siglos atrás el templo hebreo. 

Cementerio judío El Pinarillo

Tras visitar lo que fue la Sinagoga Mayor e de imaginar los otros templos judíos que habría en la ciudad, salgo por la puerta de San Andrés para acercarme hasta uno de los lugares más significativos de la herencia que han dejado los judíos en Segovia. Bajo hasta el río, o arroyo, Clamores y lo atravieso por el Puente de la Estrella. Un río que separaba la vida de los vivos de la de los muertos.

Una placa recibe al visitante indicando que está en un cementerio judío (necrópolis del Pinarillo). Podemos pasear por el camposanto observando tumbas excavadas en piedra y también enterramientos en cuevas (no muy habituales en las sepulturas sefardíes). Enterramientos orientados hacia Jerusalem.

Al estar situado fuera del recinto amurallado las vistas de Segovia desde este lugar son magníficas. Sin duda uno de los lugares en los que mejor sentir e imaginar el pasado judío de la ciudad. 

Leyes de Ayllón

En 1412 se promulgaron unas de las leyes más restrictivas con los hebreos hasta la época aunque no sería hasta 1481 cuando se cumplirían con mayor rigor. Leyes que fueron promulgadas por la reina doña Catalina de Lancaster (Juan II, el futuro rey, era menor de edad en la época) y que tuvieron gran impacto. Leyes que lo que buscan es la conversión tanto de judíos como de musulmanes, restringiendo social y económicamente a ambas comunidades. Entre las medidas destacan la obligación de concentrar a la población en un espacio cerrado, de llevar un distintivo en la vestimenta (una señal de color rojo en el hombro derecho), dejarse crecer barba y cabello, la prohibición de tener ningún cargo publico, o el no poder cambiarse de ciudad. Las aljamas quedaron debilitadas juridicamente perdiendo la autonomia de la que habían disfrutado hasta entonces. 

El final del siglo XV es de consecuencias fatales para las comunidades judías, incluida la de Segovia. La Inquisición se establece en la ciudad en 1486, incrementando la conflictividad entre la población. Los años van pasando y el fatídico desenlace está a punto de acontecer. Llega 1492 y se produce el Edicto de Expulsión. Al igual que en el resto de España, los judíos deberían convertirse al cristianismo o abandonar el territorio que había sido su hogar durante siglos. Se producía el fin de una época de convivencia (más o menos conflictiva, pero convivencia). Tristes quedaron aquellos conversos que decidieron quedarse. Dolidos, seguro, marcharían aquellos que decidieron no renegar de su religión. Y pobre, mucho más pobre (también de espíritu) quedó Segovia.