Amanecía el 7 de octubre de 1571 trayendo consigo la mayor batalla naval de la historia. Poco después de salir el sol entrarían en combate alrededor de 200000 hombres y unas 400 galeras. Por un lado, los turcos otomanos; al otro, la Liga Santa, una coalición cristiana. Durante algunas horas el golfo de Lepanto (que le daría el nombre a la famosa batalla) asiste un impresionante combate. En una de las galeras, la “Marquesa”, se encontraba un joven escritor nacido en Alcalá de Henares, que se convertiría con el paso de los siglos en el representante más conocido de las letras españolas: Miguel de Cervantes. 

El día del enfrentamiento entre otomanos y cristianos Cervantes se encontraba con fiebre, enfermo en la bodega del barco. Sólo unos pocos de su embarcación saldrían con vida, siendo el joven escritor (con secuelas de por vida) uno de ellos. Según cuenta el propio autor “me dieron tres arcabuzazos, dos en el pecho y uno en la mano izquierda, para gloria futura de la diestra”. Nacía la leyenda del “Manco de Lepanto”, un nombre muy literario pero alejado de la realidad. El brazo, aunque quedase muy dañado, nunca llegaría a ser amputado. 

Miguel de Cervantes había nacido en Alcalá de Henares en 1547. Figura más representativa de la ciudad (y de las letras castellanas), de entre los hombres de letras e intelectuales que quedarían ligados a Alcalá de por vida. Es en los siglos XVI y XVII cuando Alcalá de Henares pasa a ser una ciudad del saber. Una ciudad a la que de una forma u otra (profesores, estudiantes, visitantes,…) están unidos muchas de las grandes figuras de la época, y que harían posible el Siglo de Oro Español. Residen en la ciudad personajes tan destacados como Antonio de Nebrija, Mateo Alemán, Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca, San Juan de la Cruz o Ignacio de Loyola entre otros. No sólo de letras sino que miembros de los más influyentes en la sociedad de su tiempo, serían educados en Alcalá de Henares.

La ciudad y la universidad

Si el personaje más celebre de la ciudad es Miguel de Cervantes, sin duda la institución más popular, y reconocida internacionalmente, es su universidad. Mediante una bula del papa Alejandro VI, Cisneros fundaría la Universidad de Alcalá, convirtiendo la ciudad en un centro intelectual. Varios siglos después aun podemos observar, y visitar,  edificios de dicha época como los antiguos colegios mayores (llegó a haber más de cincuenta).

El diseño, o disposición, de las calles tenía su base en una planificación humanista. Constaba de dos ejes principales y una plaza central (la actual plaza de San Diego) donde se encontraban los más importantes edificios de la universidad. Se llevaba a cabo el sueño agustiniano de Ciudad de Dios alcanzándose las cotas intelectuales más elevadas, no sólo en literatura sino en campos como la ciencia o el lenguaje. Se había creado una ciudad nueva, un microcosmos en el que las ordenes religiosas, los habitantes de a pie, el mundo académico y el conocimiento vivían juntos compartiendo espacio.

En 1495 había sido nombrado arzobispo de Toledo Francisco Jiménez de Cisneros, quien sería una figura central y fundamental en la historia de Alcalá. Al contrario que otras ciudades universitarias europeas, Alcalá no se desarrolló poco a poco, el Cardenal Cisneros la imaginó desde el principio como un todo, ocupando la ciudad medieval que se encontraba casi abandonada, y convirtiéndola en una ciudad con el único fin de ser universidad. De la mano de la universidad llegarían los alojamientos, tanto para profesores como para estudiantes, los hospitales, las imprentas (en el número 9 de la calle Libreros se imprimió la primera novela de Cervantes, La Galatea), el alcantarillado o la pavimentación de las calles.

La universidad permaneció cerrada entre 1836 (la Universidad Complutense fue trasladada a Madrid) y 1976.  Aunque estuviera cerrada los inmuebles nunca se llegaron a abandonar, siendo utilizados según la época como barracones, prisiones o escritorios. Un uso que permitió que los edificios se conservasen en muy buen estado a pesar de no haber tenido una protección especifica hasta finales del siglo XX. Así, la ciudad ha conservado su integridad y luce hoy día con un renovado esplendor.  Un lustre que comenzaría con la llegada de la democracia, momento en que Alcalá recuperaría la universidad volviendo a ser un importante enclave cultura y académico.

Criterios de la UNESCO

La Lengua y la Universidad fueron dos de los aspectos que se tuvieron en cuenta a la hora de declarar Alcalá de Henares Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (cosa que ocurrió en 1998). Se destacó la aportación de la ciudad a la cultura universal, dándose un reconocimiento artístico e histórico (sobre todo de los siglos XVI y XVII), publicándose en Alcalá la Biblia Políglota, las primeras gramáticas y los primeros diccionarios de la Edad Moderna.

Varios fueron los criterios que se tuvieron en cuenta para su inclusión en la lista de la UNESCO: por un lado, se trata de la primera ciudad que fue diseñada, y construida después, con el objetivo de ser una ciudad universitaria. Un modelo que sería ejemplo para otros centros de enseñanza tanto en Europa como en América. Por otro lado, “La Ciudad de Dios” (Civitas Dei) es un concepto de ciudad ideal y se materializó por vez primera en Alcalá de Henares. Desde allí se expandiría al mundo. Y por último se tuvo en cuenta la contribución a la cultura universal que, además de en la Civitas Dei, queda patente en los avances lingüísticos que tienen lugar en la ciudad (relativos a la Lengua Española) y en lo que respecta a su “hijo” más ilustre, Miguel de Cervantes, y a su obra maestra (y de la lengua castellana), “Don Quijote”.

Destaca Alcalá por la integridad de su urbanismo, albergando algunos edificios que se han mantenido no sólo intactos hasta hoy, sino albergando la misma función original, ya sea académica, religiosa o habitacional.

Origen de la ciudad

En tiempos romanos había sido denominada Complutum Romana, para pasar a denominarse Al´Qual´al en Nah´ar una vez el Islam se impuso en la península. Nombre que permanecería incluso después de la conquista de la ciudad en 1118 por los cristianos. Con un poco de atención podemos presenciar los más de 2000 años de historia, con sus restos romanos, la fortaleza islámica o el reciento amurallado medieval. Es a partir de la Edad Media cuando se desarrolla un conjunto histórico y arquitectónico característico. Una época en la que judíos, musulmanes y cristianos vivían en tolerancia (aunque no siempre armonía). Época en la que Cisneros funda la universidad que sería el origen de la explosión cultural de los siglos venideros.

La tipología de los barrios no sólo cristiano, sino judío y musulmán, se conservan perfectamente. Hay un mestizaje cultural, una tradición de coexistencia de las gentes de las tres religiones. La aljama judía, de gran importancia y dinamismo en el época, se situaba en uno de los laterales de la Calle Mayor, lugar que todavía podemos recorrer en la actualidad, al igual que el espacio que ocupó la morería, ubicada en los alrededores de la actual calle de Santiago (su iglesia habría sigo en su época una mezquita). 

Durante los siglos siguientes, XVIII y XIX, la ciudad fue una sombra de lo que había sido. Como en otros tantos lugares, la época de esplendor dio paso a un tiempo de penumbra, entrando la ciudad en decadencia. Una decadencia que duraría hasta finales del siglo XX cuando Alcalá de Henares recuperar esa importancia que había tenido a nivel mundial.

Una ciudad monumental

Recorriendo las calles alcalaínas nos vamos topando, casi sin querer, con aquellos edificios que hacen de Alcalá de Henares una ciudad preciosa. Hay varios de ellos que destacan, ya sea por historia, belleza o importancia.

Sin duda uno de las obras más reconocibles de Alcalá es el Colegio Mayor de San Ildefonso donde todavía se conservan dos claustros, el Patio de Santo Tomás de Villanueva y el Trilingüe. Alberga también el popular Paraninfo, conocido por ser el lugar donde se entrega cada 23 de abril el Premio Cervantes, mayor galardón de las letras hispánicas. Y por último, encontramos en el lugar la Capilla de San Ildefonso, donde era costumbre que se enterraran los más ilustres profesores de la universidad, y lugar en el que están las sepulturas de Antonio de Nebrija o de Cisneros (en la actualidad sus restos están en la catedral continuando el sepulcro en su lugar original).

Cuenta la tradición, o la leyenda, que en el lugar en el que se levantó la catedral se encontraba la sepultura de los Santos Niños (Justo y Pastor, patrones de la ciudad). Una catedral que tiene un nombre peculiar, Catedral Magistral. Si se la denomina así es porque todos los canónigos debían poseer el título de “magister” o doctores de la universidad. Encontramos sólo dos templos en el mundo en el que este requisito sea necesario, siendo el otro la Iglesia de San Pedro de Lovaina en Bélgica.

Es difícil, por no decir imposible, pasear por Alcalá y no hacerlo varias veces por su Calle Mayor. Una de las arterias más animadas con sus comercios y sus paseantes. Las arcadas, y sus pilares, son uno de los elementos más característicos que se nos queda en la memoria de la ciudad.

Todavía es posible asistir a representaciones en el Corral de Comedias, uno de los teatros más antiguos del mundo occidental (inaugurado al público en 1602). Un edificio único en el que podemos apreciar elementos de las diferentes épocas en las que ha estado en funcionamiento. Una visita guiada te explica, y te muestra, el teatro y su trayectoria de siglos. No hay mejor forma de completar la visita que asistir a alguna de las obras que se desarrollan durante el año. 

Se unen en Alcalá de Henares, como en ningún otro lugar, la Literatura, el Lenguaje y el Patrimonio. Palacios, iglesias y residencias, un paseo que nos lleva hasta los siglos XVI y XVII, a ver pasar ante nuestros ojos (o a conversar con ellos, quién sabe) a aquellos personajes que habitaron en la ciudad. Un viaje al pasado que podemos terminar  con la visita a la casa del más afamado de los alcalaínos. Acercándonos hasta el Museo Casa Natal de Cervantes podremos entrar en el universo del escritor y de su época. Situado en el lugar donde estaría la casa familiar del autor del Quijote, donde viviría sus primeros años, recrea usos y costumbres de la época de los siglos XVI y XVII en las diferentes habitaciones, y estancias.

Decía el escritor Juan Perucho que “los corrales se han convertido en fábricas… la entrada a Alcalá es desoladora, como en todas las ciudades, anunciada con bloques de viviendas ofreciéndonos bombonas de butano en las ventanas”. Razón no le falta al escritor, sin embargo la entrada no presagia lo que vamos a encontrar en el extraordinario núcleo histórico de la ciudad. Una ciudad asociada de por vida a Miguel de Cervantes y a la lengua castellana.