Corría el año 1085 cuando Alfonso VI reconquista Toledo y hace de ella una ciudad tolerante por los diferentes credos y creencias, llegándose a considerar la Ciudad de las Tres Culturas. Aún hoy, casi diez siglos más tarde, podemos observar, sentir y admirar dicha herencia en sus calles. Cristianos, musulmanes y judíos coexistían manteniendo sus costumbres, aunque bien es cierto que la convivencia no era siempre pacífica. Será décadas más tarde cuando se cree la Escuela de Traductores de Toledo, grupo de personas (traductores y estudiosos) dedicado entre los siglos XII y XIII a la traducción de textos clásicos greco-latinos alejandrinos, del árabe o del hebreo al latín. En la ciudad vivían musulmanes, judíos y cristianos, con lo que el hebreo, el latín o el árabe eran de uso común. Se trataba de traer a Europa la sabiduría de Oriente, y qué mejor que el  trabajo de doctos hebreos, árabes y de intelectuales cristianos para dicha tarea. Toledo se convierte así en mediadora entre Oriente y Occidente.

Siguiendo la estela de Alfonso VI, en el siglo XIII, Alfonso X “El Sabio” continuó y reforzó la “Escuela”, centrada en la época sobre todo en textos astronómicos, médicos y científicos. Este idilio entre culturas no iba a durar para siempre, el siglo XIV trae consigo persecuciones judías cruentas, y a finales del siglo XV se decreta la expulsión de aquellos que no se conviertan, judíos que por otra parte llevaban en Toledo como poco, desde tiempos de los visigodos.

Aunque el espacio de la ciudad no estuvo divido por religiones, es cierto que había barrios con mayor influencia de una cultura que de otra. Así, hoy día, podemos contemplar a escasos metros de distancia las sinagogas del Tránsito y de Santa María la Blanca (muestra fantástica del arte mudéjar), ambas impresionantes y de gran valor cultural y arquitectónico. Bien se podría pensar que donde estaban las sinagogas fuera, de una u otra forma, el barrio judío. Barrio judío que en la actualidad se puede visitar con detalle, sumergiéndonos en la historia de la ciudad, transportándonos a un tiempo en que la diversidad cultural y religiosa se palpaba por las calles y donde todos eran bienvenidos.

Del pasado árabe en Toledo quedan menos muestras o edificios emblemáticos, aunque los hay de gran importancia, caso de la mezquita del Cristo de la Luz (curioso nombre para una mezquita) del siglo X, y la de Tenerías, si bien esta última no se puede visitar. Lo que si que se palpa por todos los rincones del centro histórico de la ciudad es la estructura urbana árabe, con sus calles estrecha, sinuosas y con sus casas a punto de tocarse. Así mismo, podemos contemplar la estructura árabe en las puertas de Alfonso VI o en la de Alcántara.

Si los judíos y los musulmanes dejaron su huella en Toledo, los cristianos lo hicieron (y lo hacen) de una forma mucho más palpable. No sólo su catedral, sino que una sucesión de iglesias (como la de los Jesuitas con sus maravillosas vistas de la ciudad desde las alturas), conventos y monasterios (destacando el de San Juan de los Reyes) se reparten por toda la ciudad, e hicieron en tiempos pasados que fuese considerada la segunda Roma. Al contrario que la judía o musulmana, la religión católica sigue siendo parte importante de la ciudad y sus celebraciones religiosas son de gran calado en la sociedad toledana.

Toledo capital del reino

Si fue con Alfonso X cuando Toledo alcanza su esplendor, con Carlos V se convierte en capital del reino, aunque fuse brevemente, ya que en 1561 se trasladaría a Madrid. Puede que esta decisión de Carlos V de realizar el traslado nos haya ayudado a poder disfrutar del Toledo con aires medievales como lo hacemos hoy día. Y quizá gracias a ese traslado de capitalidad consiguiera en 1986 pasar a formar parte del grupo mundial de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Pertenencia bien merecida, no sólo por su historia y la conservación de su aire del medievo, sino por el entorno geográfico magnífico, con sus miradores, su río Tajo encajado y sus cigarrales. Un emplazamiento original y único que hace que la ciudad me atrape en cada visita.

Toledo conserva presente esa historia de convivencia. Recorrer sus empinadas calles, además de llegar a dejarnos con la lengua fuera por el esfuerzo, también hace que podamos disfrutar de esa mezcla arquitectónica de las tres culturas. El entramado de sus calles y de sus culturas nos acerca a la Edad Media, haciendo palpable su rica historia. Historia que quedó pintada en la obra maestra de El Greco, “El entierro del Conde Orgaz”, en los años en los que el pintor fue residente en Toledo allá por el siglo XVI, continuando a día de hoy en el mismo emplazamiento para el que fue concebido y pintado, la iglesia de Santo Tomé. Tan a gusto está el cuadro en Toledo que nunca ha salido de la ciudad, quien quiera disfrutarlo tendrá que acercarse por allí. Otro aliciente más para visitar la ciudad de “las Tres Culturas”. Pocas ciudades lucen un patrimonio y un legado cultural tan bien conservado.