Las ciudades, en el pasado, se formaban al lado de lugares donde hubiera agua. Pero en algunos momentos, las ciudades crecían y se necesitaba traerla para el suministro de la población. Era una forma de asegurar el acceso al líquido elemento y para ello idearon los romanos un sistema para su canalización. Por lo general iba por canales de forma subterránea, y sólo en algunos momentos para salvar caminos o depresiones, se construyeron arquerías que han quedado como representación de lo que conocemos como acueducto (conducción de agua). Pocos acueductos tan populares e impresionantes como el de Segovia.

Dos cosas vienen a la cabeza cuando nos hablan de Segovia, dependiendo de la hora del día y del hambre que tengamos, será el cochinillo lo primero que aparezca en nuestra mente, o será el acueducto. Pareciese que sólo encontramos ambas cosas en la ciudad castellana, y ni mucho menos. Sin quitarles ningún mérito ni al manjar ni a la construcción romana, Segovia tiene infinidad de cosas que ofrecer. Es de esas ciudades que gusta recorrer de vez en cuando. El Alcázar imponente siempre te recibe con agrado y nos muestra unas vistas impresionantes desde su espectacular ubicación. Se mire desde donde se mire el Alcázar de Segovia es uno de los edificios más interesantes de la geografía española.

Observando el imponente acueducto la imaginación nos lleva a la época romana. Pasamos unos instantes soñando como sería la vida en esos años. O cómo sería la vida en la época en que algunos de los reyes habitaron el Alcázar. Te recreas en historias de príncipes y princesas, de amoríos y caballeros, de siervos y señores,…y sin darte cuenta has terminado callejeando por el que quizá sea el lugar más fascinante de Segovia. Un barrio medieval que nos transporta a un pasado remoto. Unas calles que tu pisas ahora pero que hace siglos fueron pisadas por generaciones de judíos. Pisadas en las que si prestas atención, todavía puedes escuchar su eco. Calles evocadoras que hacen de la judería segoviana un lugar mágico.

Judíos por Segovia

En el mismo lugar en el que vivieron y convivieron gentes judías, todavía hoy puedes visitar lo que fue la Sinagoga Mayor (en la actualidad el convento del Corpus Cristi), perderte por el entramado de calles que forman el barrio, visitar lo que fue la antigua carnicería, instruirte en el Centro Didáctico de la Judería para hacerte una idea de lo que era el barrio, o cruzar la puerta de San Andrés que cerraba la muralla medieval y que daba paso al cementerio judío al otro lado del río (el agua separaba el mundo de los vivos del de los muertos). No hay ningún enterramiento judío que se haya encontrado como el que existe en Segovia.

Debido a su expulsión, los judíos nunca pudieron ver la elegante catedral que se construiría en la ciudad en el siglo XVI a contracorriente de las tendencias de la época. Cuando lo normal era la arquitectura renacentista, en la ciudad castellana se siguió utilizando el gótico. La religión de una forma u otra, con mayor o menor presencia, ha sido desde hace muchos siglos, el centro de la vida de las comunidades y Segovia no es una excepción.

Decía Azorín que en Segovia “La mente se llena de palacios, capillas, arcos, capiteles, rejas, ventanas, torres, retablos… La imaginación,  deslumbrada, en horas de recuerdo va de una maravilla a otra. No podemos poner pronto orden y sosiego en la admiración”. Y se quedaba corto. El lugar donde está situada Segovia, sus paisajes y sus ríos hacen que todas las maravillas que tiene que ofrecer queden atrapadas en un envoltorio difícilmente superable. Declarada en 1985 Ciudad Patrimonio de la Humanidad, pero no solamente por la belleza descrita con anterioridad de acueductos, alázares, iglesias, catedrales o preciosos paisajes. Segovia es mucho más. Es Alfonso X estudiando el firmamento, es Quevedo escribiendo el Buscón don Pablos inspirándose en la ciudad y sus gentes, es Isabel I (la Católica) proclamada Reina de Castilla. Son Santa Teresa y Juan de la Cruz, los Comuneros como Juan Bravo, es Maria Zambrano, es Antonio Machado dando clases de Instituto y asistiendo a tertulias. Y son muchos otros que hacen que la ciudad sea un lugar mágico.