Corrían los siglos XI y XII cuando se comenzó a impulsar no sólo la Catedral de Santiago, sino una de las ruta más importante de peregrinación en el mundo. Han pasado ya muchos siglos y la Ruta Jacobea, lejos de disminuir su popularidad, ha ido ganando en afluencia. El primer Año Santo Jacobo, año en que el 25 de julio cae en domingo, se remonte a 1126, y en estos nueve siglos de existencia no han hecho más que incrementar el interés por la ruta a nivel mundial. Poco le importa a quien se acerca hasta allí, después de varios días de camino, que los restos mortales de Santiago el Mayor descansen bajo la catedral o no. Puede que algunas fechas no cuadren pero, ¿qué más da?, la fe y el esfuerzo son algo mucho más importante que unos huesos, unas fechas, unos estudios o un posible montaje. Fuese como fuese, sucedió hace siglos y no es momento de ponerse quisquillosos. Ya ha llovido mucho, y sobre todo en Santiago, desde que por aquel año 1126 el papa Calixto II otorgara el jubileo, o perdón de los pecados, y otras gracias espirituales a los peregrinos que recorrieran el camino que hasta allí llevaba.

Una persona resultó crucial en la gestación y promoción de Santiago de Compostela como ciudad y como lugar de peregrinación (a la altura de Jerusalem y Roma, que ya es decir). Una persona poco conocida pero sin la cual posiblemente ni la ciudad ni la ruta serían lo mismo. Diego Gelmírez, primer arzobispo de Santiago de Compostela y persona controvertida. Hay quien vio en él a un político antes que a un religioso. Otros le acusan de robar reliquias de otras catedrales. Lo cierto es que fue un viajero incansable, gran observador y hombre de su época, el gran olvidado y responsable de que cientos de miles de personas cada año se acerquen hasta Santiago de Compostela. No sólo la catedral fue importante, sino que su labor se aprecia en la construcción de iglesias, la apertura de nuevas calles, la conducción de las aguas y en la ayuda a la creación de fuentes. Gran impulsor de la ciudad en todos sus aspectos.

Santiago de Compostela, una ciudad legendaria

Tanto Galicia en general como Santiago en particular son famosas por sus lluvias, por sus cielos grises y por esa sensación de humedad que dejan las lloviznas. No es mi caso, mis días de estancia por Santiago coinciden con días de sol, de cielos azules y buen tiempo. No es verano sino invierno y aunque no debe ser lo normal a mi me parece fantástico. Para compensar tanta suerte, la catedral está en obras; andamios y mallas recubren gran parte de la fachada y no puedo disfrutar ni retratar su belleza más que con esa capa que la recubre. No se puede tener todo, pienso al llevarme la sorpresa. Además, siendo importantes la catedral y el Camino de Santiago para la ciudad, ni mucho menos son lo único. Hablamos de una de las ciudades legendarias a nivel mundial, una ciudad armónica y homogénea en el que el conjunto histórico forma un todo difícilmente igualable en belleza e historia.

Santiago es de esas ciudades que según voy descubriendo más me maravillan. Es una sucesión sin fin de monumentos, como si se tratase de una escultura en piedra toda ella. Sus calles, aunque lo desconozca, siempre llevan a algún sitio, y no a un lugar cualquiera sino a emplazamientos de belleza incomparable. Incomparables son sus plazas, como la del Obradoiro, una de las más bonitas del mundo, y las de Quintana y Platerías, que de día o de noche transmiten no sólo belleza, sino la historia que han ido acumulando durante siglos.

La catedral, con restos del apóstol o sin ellos, es una autentica joya. Sin estilo definido es al mismo tiempo románica, gótica, barroca, plateresca y neoclásica. Imagino que más bonita sin andamios, pero aun con ellos, es espectacular. Me comentan que su vista en la lejanía ofrece una nueva panorámica, así que me acerco hasta el Parque de la Alameda, camino en busca de algún mirador y allí la descubro en la distancia, imponente, sabiéndose observada y el símbolo de la ciudad. Pero no todo es piedra y monumentos, Santiago trata de renovarse y apoyándose en su pasado, construir un presente.

Patrimonio de la UNESCO

Es según la UNESCO un paradigma de ciudad universal, no sólo meta de peregrinación religiosa sino también cultural, con lo que en 1985 decide declarar Santiago de Compostela ciudad Patrimonio de la Humanidad. Es una ciudad para andar, donde el caminante cobra protagonismo y donde el forastero es uno más. Siglos de peregrinaciones y el haber sido un centro universitario de gran importancia han hecho de ella una ciudad abierta y cosmopolita, un lugar de encuentro. Encuentros que siempre se llevan mejor en un bar, y si la calle Franco es la más popular entre los visitantes, decido por recomendación de las gentes del lugar, visitar la calle Orense, al lado de la calle Franco pero donde los visitantes somos los menos, y donde los parroquianos son gentes del lugar. Gente que sigue disfrutando su vino de forma apacible y como lo hacía hace unas décadas. Varios son los bares con encanto en la calle, y a poco que te despistes y visites, volverás a recorrer las calles con un ligero contento.

Sus calles del centro que albergan iglesias, palacios, monasterios, sepulcros, bibliotecas centenarias, pazos, colegiatas o plazas, conviven en la ciudad desde hace años con edificios más modernos. Alberga la ciudad el Auditorio de Galicia, la impresionante Biblioteca Pública Ánxel Casal, y sobre todo la espectacular, controvertida y todavía sin terminar, Ciudad de la Cultura. Santiago es muchas cosas al mismo tiempo; es ciudad de peregrinaje, de cultura, de religiosos, de universitarios o de viajeros, pero es sobre todo un lugar universal que nos pertenece a todos, al menos a todos los que por allí nos acercamos.