Un día me levanto con ganas de visitar alguna isla, en la que pueda caminar un buen rato, que tenga vistas espectaculares y donde se coma bien. Lo de degustar comidas de los diferentes sitios en mis visitas por Hong Kong es casi obligatorio. Me acuerdo que me hablaron, o leí en algún sitio, que Po Toi puede ofrecerte todo lo que me ha apetecido al levantarme y hacia allí me dirijo. Aunque es fácil llegar se necesita un tiempo considerable ya que hay que ir en ferry desde Stanley. Se echa el rato pero merece mucho la pena; la travesía en barco por el Mar de China en esta parte de Hong Kong es preciosa, con sus islas e islotes.

En la isla cambia por completo el panorama jonkonita. Parece que llegas a otro país que nada tiene que ver con Hong Kong. Comienzo a caminar y paso por algunas casas, todavía en pie y “posiblemente” habitadas, y otras cuantas medio derruidas que muestran signos de no haber tenido inquilinos en muchos años. El paseo por la isla confirma que el hecho de Po Toi haber sido elegida varias veces como la isla más bonita de Hong Kong tiene su razón de ser. Y observo al caminar sus formaciones rocosas. Diviso a lo lejos “la mano de Buda” o “la tortuga que sube la montaña”. Subo y bajo colinas, me siento debajo del faro, diviso calas con barcos veleros y no veleros. Paro a descansar, y  mientras, observo el infinito horizonte desde una pagoga. Paso al lado de un colegio donde no se imparten clases desde hace mucho tiempo, una vez la isla se despobló dejó de tener sentido como colegio y pasó a ser un edificio abandonado. Casi al final del paseo me encuentro con la “casa de Mo”, una casa que según cuentan las leyendas está encantada. Escondida entre la maleza y la vegetación, la casa la construyó un pirata, Mo Shui Tong, quien se supone huyó con un importante botín y se refugió en dicho lugar con su familia, muy lejos de miradas indiscretas. Parace ser que la casa tenía mal feng shui lo que les pudo provocar enfermedades y finalmente, una vez fueron descubiertos por los piratas a quienes había engañado, decidieron huir y dejarla abandonada. No se sabe nada del fantasma pero el nombre de Mo sigue en la entrada de la vivienda, y se cuenta que un gweilo (literalmente “fantasma blanco” como somos conocidos las personas blancas en Hong Kong) llegó a vivir en ella después de la II Guerra Mundial.

Voy pensando en piratas y fantasmas y sin darme cuenta mis horas recorriendo la isla se han terminado. Cuando comento que vivo en Hong Kong nadie puede imaginar que haya sitios como Po Toi, donde vive gente sin electricidad oficial ni agua corriente. Una isla donde vivieron más de 1000 personas pero que apenas si llega a una decena en la actualidad. Una isla donde reina la tranquilidad y donde disfrutar de unas vistas impresionantes. Una isla dedicada hace años a la agricultura, la pesca y a la recolección de algas. Una isla, una más, que muestra como la “modernización” de Hong Kong va despoblando aquellos lugares más alejados del centro. Cómo lugares no hace mucho tiempo prósperos y vitales, se encuentran hoy casi deshabitados, con habitantes envejecidos pero orgullosos de unas tierras, las suyas, que no cambiarían por ningún otro lugar en el mundo. Con ellos se marchará un Hong Kong que se desvanece poco a poco. Un Hong Kong que en breve será sólo parte de historias, recuerdos y leyendas. Un Hong Kong que será borrado del mapa para dejar paso a eso que llaman “modernidad”.