Hay ciudades y lugares que pertenecen a todos los habitantes del planeta y desde 1999 la ciudad La Laguna es una de ellas. Quizá por estar en las Islas Canarias no tiene la fama o el renombre de alguna de sus compañeras del grupo que están en la península pero nada les tiene que envidiar, muy al contrario. Cada una de ellas tiene sus peculiaridades y San Cristóbal de La Laguna (ese es su nombre completo) es única en sus peculiaridades dentro de las Ciudades Patrimonio de la UNESCO.

Ni fortaleza, ni muralla, ni mezquitas ni templos romanos. Lo que hace de La Laguna especial es el trazado de sus calles, conservado desde la época colonial de la primera época y que muchas ciudades latinoamericanas copiaron, caso de La Habana o Cartagena de Indias. Son 500 años sin apenas variaciones del plano, con sus calles rectas, anchas y perpendiculares (además de sus casas tradicionales canarias), que se ponía en contraste con las poblaciones medievales construidas en forma radial. Un cambio en la planificación y el urbanismo que es que el disfrutamos hoy día cuando paseamos por la ciudad. Sin duda una de las primeras ciudades españolas con un trazado moderno, y de tan moderno que era, se conserva en nuestros días.

Sigo el dibujo de sus calles en un viaje por el tiempo, un viaje a un pasado en el que iglesias, palacios y conventos conviven con tiendas y restaurantes modernos. Un paseo por un esqueleto urbanístico que se mantiene aunque se hayan perdido algunos edificios durante sus siglos de historia. Ciudad que no necesitó de murallas y fortalezas para su defensa ya que utilizó las montañas como defensa natural. Ciudad que fue la capital de Tenerife. Ciudad de amplia trayectoria universitaria, siendo la sede de la primera universidad de Canarias (1774) y por la que se le denominó “Ciudad de los Adelantados”. Ciudad a la que se le denominó Aguere en el idioma aborigen.

El verode por los tejados

Y si los edificios históricos alegran la vista en nuestros paseos por las calles rectas mirar hacia arriba deparará una de las sorpresas más interesantes en La Laguna. Los balcones y ventanales, muchos de ellos labrados en madera, son preciosos, pero lo que de verdad llama mi atención en mi deambular por la ciudad es una planta que crece en los tejados de las casas, el verode, planta que no había visto con anterioridad y endémica de Canarias. Puede resultar exagerado, pero en mi opinión el verode es tan característico, y le imprime a San Cristóbal de La Laguna tanta personalidad, como el trazado de las calles en su centro histórico.

La Laguna es ciudad así mismo catedralicia y episcopal, con muchas iglesias y conventos. Ya no es lo que era y encontrase con monjas, curas y religiosas no es tan habitual como lo era hace un siglo. Si hubo alguien que definió y resumió San Cristobal de La Laguna a perfección fue Unamuno quien dijo de la ciudad que era “una calle larga y al fondo un cura con sotana y paraguas”. Se resumía en la frase las características que mejor la definen, la calle larga por el trazado de sus calles, el cura por la presencia palpable de la religión y el paraguas por lo cotidiano de la lluvia. Eso si, en mis visitas ni siquiera chispeó y por las calles largas paseaba alguna monja pero esporádicamente.

Si Unamuno definió maravillosamente la antigua capital de Tenerife, el folclore plasma una forma de entender no sólo la música sino la vida en general. Solamente en La Laguna hay más de 50 grupos folclóricos en sus barrios, pueblos y universidad, entre los que destaca el grupo de Los Sabandeños, exponentes de la música canaria en el mundo. Antes que Los Sabandeños y que Unamuno, han recorrido sus calles desde el siglo XV todo tipo de gente dejando su impronta, pensadores, artistas y mecenas han ayudado a que la ciudad se haya enriquecido cultural y patrimonialmente.

Puente entre dos mundos

San Cristóbal de la Laguna se trató de un caso original. Por primera vez se diseñaba una ciudad con instrumentos de navegación, y a cordel. Modelo que luego sería copiado en muchos otros lugares, sobre todo de América. Se trataba de concebir una ciudad a la medida del hombre, de la materialización de una nueva concepción filosófica, mucho más humanista. Es La Laguna además un nexo entre dos culturas. Un puente que ha acercado dos mundos separados por miles de quilómetros, no sólo físicos, sino también culturales.

Aunque el trazado llano y geométrico de sus calles hacen que mis paseos sean de lo más placenteros, parar a disfrutar de sus terrazas es un placer.   Lo mismo que escuchar algunos de los nombres propios de las Canarias  a la gente al pasar, como Yaiza, Isora, Yumara, Aray, Yeray, Ayoze o Guacimara. Nombres con una impronta única y especial que hace que piense que son los nombres más bonitos del mundo. En un mundo tan homogeneizado ver como las gentes de las islas siguen llamando a sus hijos con nombres autóctonos es una alegría. Y mientras pienso en nombres mi mente se va a la fundación de la ciudad en 1496, momento de los grandes descubrimientos y viajes marítimos. Y yo, claro, como soy de imaginación fácil, me embarco en uno de ellos a surcar mares y a recorrer un poco de mundo. Seguro que La Laguna me espera intacta a que siga recorriendo sus calles.