Cuando vives en Hong Kong aunque sea sólo unos meses, te das cuenta de que es una ciudad en continuo cambio, que de por sí no tiene por qué ser negativo; se trata de seguir las pautas de la modernización. Sin embargo, en muchos casos esa renovación no es tal cosa, sino un borrón y cuenta nueva. Es entonces cuando lugares con una rica historia y tradición desaparecen, y es una pena; esa pena que da el pasear por Ma Wan y pensar que en pocos años, lo que era un lugar de bullicio y vida, seguramente pasará a ser varios bloques de edificios. Donde llegaron a vivir cientos de familias hoy sólo quedan unas pocas y, por lo que parece, de forma “ilegal” en su propia casa.

No hace tanto que Ma Wan era una próspera villa de pescadores donde iban turistas y locales a disfrutar de sus restaurantes de marisco, o a observar sus preciosas vistas con sus palafitos hoy decrépitos y que en breve ya no estarán allí; tan cerca y tan lejos a la vez.

Se puede rastrear la historia en Ma Wan llegando hasta el Neolítico. Fue aduana durante la Guerra del Opio, tuvo una fábrica y quizá, según me cuentan, fue también lugar de refugio de productos de contrabando. Y, sin embargo, ahora está en decadencia, a la espera de ser derribado para construir algo más “conveniente” para los tiempos actuales. Ha habido y sigue habiendo protestas de residentes que no están de acuerdo con que se les fuerce a abandonar lo que es su casa y lo ha sido de su familia durante décadas, pero me temo que poco van a poder hacer; la “modernidad” no tiene freno ni entiende de sentimientos.

Dentro de muy poco sólo quedará el “fantasma” de Ma Wan deambulando por los modernos edificios de rascacielos construidos en nombre de eso que llaman renovación; si eso es la modernidad, seguro que la mayoría de nosotros no la queremos para nada. Si vives en la ex colonia británica y aún no lo conoces, no tardes en darte un paseo por sus calles desiertas, te harás una idea de lo que era Hong Kong hasta no hace mucho y de cómo va desapareciendo poco a poco.

Puede que ya no se sequen los camarones  a la puerta de las casas, ni que nadie haga pasta con ellos, pero todavía es posible ver cómo ponen a punto la embarcación para el dragón boat con gran entusiasmo. Los colegios, centros de salud, restaurantes o el bullicio ya no volverán; incluso Ma Wan se habrá convertido en un escenario para que modelos y novios se hagan fotos, pero siempre quedará ese sentimiento de pertenencia a una comunidad, aunque esa comunidad ya no pueda habitar en su propio hogar.