Hay lugares que te atrapan con el paso de las horas. Pueblos que te producen una impresión (decepcionante) inicial, pero que poco a poco te van conquistando. En la villa de Hahoe, la desilusión primera se convirtió en fascinación después. Había llegado tras pasar un día de tranquilidad y relajamiento monástico en el templo de Guinsa en un autobús de línea desde la ciudad de Andong, y lo primero que me encuentro es una cola como en un parque temático. A las afueras de Hahoe hay una entrada con sus tickets al igual que en una atracción. Eso, sumado a que las personas que había en la fila eran muchas, y a que los autobuses, no sólo de línea, continuaban llegando, pues me imaginé lo peor.

Hanok, casas tradicionales coreanas

En la oficina de turismo, donde había reservado mi alojamiento por teléfono, llamaron a la dueña del hanok en el que iba a pasar la noche. La señora, muy amable, vino a buscarme en su coche para llevarme al alojamiento. La casa era preciosa, la habitación confortable. Los hanok son las casas tradicionales coreanas, y en Hahoe los encontramos en todas sus calles. Hay dos tipos que atraen la atención, y que han perdurado durante cientos de años. Por un lado, tenemos las fascinantes “choga”, casas con techos de paja (que necesitan ser cambiados cada año, por lo general en diciembre), habitadas normalmente por campesinos, y por oro lado, la tradicional “waga”, con techos de estilo oriental y utilizadas tradicionalmente por la nobleza.

Hahoe es la residencia del clan de los “Ryu”, quienes han vivido en el pueblo más de seis siglos ininterrumpidamente, siendo lugar de nacimiento de famosos personajes de la época Joseon, como eruditos y altos funcionarios. El nombre de la aldea hace referencia a la forma que tiene la corriente del río que la bordea, el Nakdonggang, que forma una “S”. Ha significaría “río”, y hoe sería “alrededor”. Si pudiéramos ver Hahoe desde lo alto, veríamos cómo la montaña y el río forman el Ying y el Yang. Hay quien incluso ve una flor de loto flotando en el agua. Todo ello hacía del lugar un sitio perfecto para vivir, quedando reflejada su tradición confuciana incluso en la distribución y ubicación entre las montañas y el río, ofreciendo a sus habitantes comida, tanto física como espiritual.

Silencio y magia en la noche de Hahoe

Llega la noche y los turistas que abarrotaban las antiguas calles de Hahoe han empezado a desaparecer hasta no quedar prácticamente nadie. No hay restaurantes, ni cafeterías, ni ningún tipo de tienda abierta. Ya no quedan gentes en bicicletas y motos recorriendo la aldea. Sólo silencio. El silencio se ha apoderado del pueblo y es cuando empiezo a descubrir toda su magia. El pueblo turístico ha dejado paso a un lugar diferente, un lugar mucho más interesante, acogedor y prácticamente sólo para mi.

Lo bueno de pernoctar en los sitios es que al madrugar los encuentras tal como son. Unas horas más tarde los visitantes los cambian por completo. Con los primeros rayos del sol se ven los lugares mucho más auténticos, y Hahoe no iba a ser diferente. Paseando a primera hora de la mañana recorro las antiguas residencias de los nobles, voy hasta la iglesia en los confines del pueblo, me acerco hasta Samsin, el árbol más antiguo del pueblo de unos 600 años, doy paseos junto al río, y por las arboledas, o disfruto sentando en los pabellones solitarios. El pueblo es precioso, pero sobre todo, tiene vida propia. Hombres y mujeres labran sus tierras, cultivan sus plantas y atienden sus tareas agrícolas. Lo que me había parecido un museo al aire libre, resulta ser un pueblo (casi) como los demás. Eso sí, mucho más bonito. Con el turismo muchas casas han empezado a servir de alojamiento a turistas, han abierto restaurantes y tiendas de souvenirs, y la vida del pueblo ha cambiado, pero no del todo, sigue habiendo campesinos y  eso da, mucha, autenticidad al pueblo. Cosa que me alegra.

Por otra parte, Hahoe ha sido conocida por las danzas enmascaradas, Danza de Máscaras Byeolsingut, que se desarrollan desde el siglo XII. Inicialmente se realizaban espectáculos chamánicos para pedir por las buenas cosechas y por el bienestar de los habitantes. A día de hoy, es uno de los legados culturales de los que sigue disfrutando la villa, y las danzas se siguen celebrando. No es extraño que en 2010 la UNESCO lo declarara Patrimonio de la Humanidad.

Hahoe es uno de esos pueblos que te llevan al pasado. Un pueblo precioso con una rica herencia histórica y un poso cultural de varios siglos. Esperando al autobús de vuelta a Andong, ya ni me acuerdo de la decepción que tuve al llegar. La belleza del pueblo, la simpatía de sus habitantes, y su cultura, la han borrado de mi memoria.