Era el año 1559 y Valladolid se convertía en el escenario de uno de los acontecimientos religiosos más importantes de la época en Europa: los Autos de Fe, organizados por la Inquisición y generalmente abiertos al público. La Inquisición, que se había creado en 1480 reinando los Reyes Católicos y se había establecido en Valladolid en 1488, con estos Autos trataba de luchar contra el luteranismo y su expansión por la ciudad y por el reino. Mediante estos Autos, a los previamente condenados (por herejía o cualquier otro pecado contra la iglesia) se les ofrecía la posibilidad de abjurar de sus pecados y mostrar arrepentimiento. Se organizaban con anterioridad y eran todo un acontecimiento al que asitían gentes de todos los lugares, no sólo del reino sino también del extranjero. Acontecimiento que trataba de servir de ejemplo a todos, asistentes y no asistentes.

Es en esta época donde Miguel Delibes ubica la historia que narra en El Hereje. Mezclando realidad y ficción, encontramos un libro apasionante que nos describe detalladamente cómo era la época y la lucha de la clase dirigente contra cualquiera que siguiera o defendiera las tesis luteranas.

Los Autos de Fe de 1589

La novela gira entorno a los hechos históricos de los Autos de Fe de 1589. Mezcla personajes reales como Agustín Cazalla, su madre Leonor de Vivero o Carlos de Seso, con otros inventados pero que bien pudieron existir, caso del protagonista Cipriano Salcedo. Siguiendo los pasos que nos describe el autor en El Hereje podremos recorrer los lugares en los que Delibes ambienta su novela e intentar trasladarnos al Valladolid del siglo XVI en el que la ciudad vivía su máximo esplendor.

Observando los acontecimientos que nos narra Delibes podemos hacer una ruta por Valladolid, trasladándonos al siglo XVI en una época de gran pujanza de la ciudad. Aunque cambiada en estos más de cuatro siglos desde que acontecen las andanzas en el libro, todavía hoy podemos hacernos a la idea de cómo sería la ciudad de la época. Acercarnos a la Plaza de San Pablo en cuyos alrededores (en la actual calle Angustias) estaría el hogar de nuestro protagonista, Cipriano Salcedo y disfrutar de la impresionante fachada-retablo de su iglesia. Cerca de la plaza también encontramos el Palacio de Pimentel, lugar de nacimiento de Felipe II.

El hermano del protagonista Ignacio Salcedo es el representante en la novela del mundo de los letrados, siendo oidor de la Real Audiencia y Chancillería. Y muy cerca, vemos el Palacio de los Vivero en el cual se casaron los Reyes Católicos y que pasaría ser propiedad de la Corona y habilitado para Chancillería. Quizá no haya sido la más famosa de España pero Valladolid fue capital del reino allá a comienzos del siglo XVII. De forma efímera pero lo fue. Décadas antes ya disfrutaba de una posición privilegiada en la que nobles, mercaderes, banqueros (algunos italianos como Fabio Nelli) o comerciantes poseían palacios y casas señoriales que daban fe de la riqueza que se respiraba en Valladolid. Muchos de estos palacios y mansiones fueron abandonados y en los siglos XIX y XX la mayoría desaparecieron, ya fuera por dejadez o por el derrumbe de los mismos. En su lugar podrás ver hoy seguramente bloques de pisos pero aún así, todavía quedan muchos y muy bonitos en pie.

Seguimos caminando y nos acercamos hasta la Plaza de la Trinidad, lugar donde Salcedo tenía su almacén de lanas. Y muy cerca de allí podremos ver e incluso cruzar el Puente Mayor cerca del cual estaban la judería y dicho almacén. Puente (único que cruzaba el río Pisuerga por esta zona) que atravesarían cada vez que tenía que ir a Burgos a vender sus lanas. Muy cerca de la zona, podremos callejear por la calle Santo Domingo de Guzman donde está ubicado el Convento de Santa Catalina de monjas dominicas, las cuales estuvieron muy implicadas en todo el proceso del Doctor Cazalla.

Enterramientos y desenterramientos

Llegamos hasta San Benito el Real, con su impresionante pórtico y torre, su claustro y su capilla de los Condes de Fuensaldaña, lugar donde se enterró a Leonor de Vivero, madre del doctor Cazalla, y de donde se la desenterró para llevar sus huesos a la hoguera en los comentados Autos de Fe de 1559. Hoy todo el complejo está muy cambiado y alberga incluso el impresionante Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano.

Aunque al acercarnos a la plaza de la Fuente Dorada intentemos buscar la taberna Garabito de la calle Orates, donde el protagonista alternaba con sus amigos y disfrutaba de los vinos de la zona, no lo conseguiremos. La taberna y la calle donde se ubicaba ya no existen pero en su lugar podremos encontrar bares y restaurantes donde disfrutar de la gastronomía y de los vinos de la tierra.

La Plaza Mayor (Plaza del Mercado en la época) es visita obligada en Valladolid y no sólo siguiendo la ruta de El Hereje. Una plaza muy cambiada (debido sobre todo a un incendio ocurrido en 1561) a como era en el siglo XVI y lugar de celebración de los Autos de Fe. Se llevaba a los condenados (entre los que se encontraban los personajes de la novela incluyendo al Doctor Cazalla) hasta la plaza vestidos con corazas en la cabeza y sambenitos en el pecho. A día de hoy sigue conservando su uso como lugar de celebración de todo tipo de fiestas, eso sí, entre los festejos ya no se juzga ni se quema a nadie. Desde la plaza los “herejes” eran llevados por la calle de Santiago (donde podremos ver una placa conmemorativa del libro y que recuerda que era aquí donde el doctor Cazalla predicaba cada viernes) al lugar donde se ejecutaba la condena, fuera de los muros de la villa. En la actual Plaza Zorilla los condenados, dependiendo del caso, eran quemados vivos o bien, si se habían arrepentido y confesaban, eran ejecutados con el garrote vil antes de enviarlos a la hoguera. Todo un detalle por parte de los inquisidores. Con esto se daba así fin al proceso.

Las ciudades se pueden recorrer de una y mil formas diferentes pero hacerlo recorriendo los lugares de una novela como El Hereje, hace que te transportes a un tiempo lejano y que puedas hacerte a la idea de cómo era la vida en el siglo XVI, una época en la que Valladolid era una ciudad próspera, una época de gran fervor religioso. Paseando por sus calles, sin darnos casi cuenta, habremos disfrutado de una ruta literaria cargada de historia.